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Arco iris
Y cuando cesó la lluvia, la tierra respiró agradecida y nos ofreció un aroma renovado, en está tarde de agosto. Para no ser menos, el cielo se vistió de luces.
Humilde y generosa

Vivirá en una esquina
en un rincón de tu entorno
sin exigir casi nada,
un poquito de luz, agua y abono.
La verás crecer deprisa
y si la mimas un poco
en señal de gratitud
te regalará sus flores
y un perfume generoso.
Pero si la descuidas
y no observas sus raices,
crecerán poco y serán débiles
y no llegarán al fondo
quedando en la superficie
sin recibir alimento.
Y el día menos pensado
al abrir tu ventana
una corriente de aire
quebrará todas sus ramas.
Harán falta pocas horas
para que muera marchita
aunque bondadosa ella
antes de morir del todo,
te dará la oportunidad
de plantar algún esqueje
y verla resucitar.
Cuando pase el tiempo
Un día, cuando pase el tiempo,
ya no pensarás en mí,
se te borrarán los recuerdos
que un día nos amarraron.
Olvidarás que era yo quien se bebía tu aliento,
quien aprendió de memoria, cada rincón de tu cuerpo,
y a quien bastaba el roce de tu mano en la mía
para leerte por dentro.
Para ti, el tiempo pasará de deprisa
para mí, seguramente más lento;
sin embargo, la experiencia de lo andado,
tatuará en mi cerebro
que la vida pasa rápido
y el amor es un momento.
ya no pensarás en mí,
se te borrarán los recuerdos
que un día nos amarraron.
Olvidarás que era yo quien se bebía tu aliento,
quien aprendió de memoria, cada rincón de tu cuerpo,
y a quien bastaba el roce de tu mano en la mía
para leerte por dentro.
Para ti, el tiempo pasará de deprisa
para mí, seguramente más lento;
sin embargo, la experiencia de lo andado,
tatuará en mi cerebro
que la vida pasa rápido
y el amor es un momento.
A veces
A veces,
una luz se enciende
y parpadea a lo lejos
rompiendo un fragmento
de noche profunda.
A veces,
llega un brisa lejana
y mueve las hojas del lilo
regalando su aroma.
Son esas veces,
cuando la pena
descansa en el brazo de la distancia
y la paz regresa a tu vida.
una luz se enciende
y parpadea a lo lejos
rompiendo un fragmento
de noche profunda.
A veces,
llega un brisa lejana
y mueve las hojas del lilo
regalando su aroma.
Son esas veces,
cuando la pena
descansa en el brazo de la distancia
y la paz regresa a tu vida.
Juguetes rotos
Tan solo es una muñeca rota
en el fondo del cesto de los juguetes
con la cara aplastada por el peso
de los otros muñecos nuevosy sin más horizonte
que la trama del mimbre donde se apoya.
No perdió un ojo, un brazo o una pierna,
perdió el alma y sin ella, el hueco de plastico
con que la hicieron, se ha convertido
en un silencioso habítaculo
donde un corazón late bajito
y lucha por recomponerse.
Girasoles
Me he quedado extasiada mientras se paraba el tiempo;
luego, he mirado a lo lejos, allá donde se junta el cielo.
Entre bruma los he visto, gigantes de hormigón y hierro
rompiendo con la armonía de un paisaje perfecto.
Los levantaron los hombres, sin duda, faltos de acierto,
en una época lejana, que me ha recordado el tiempo
en el que allí estaba mi casa, allí, nuestro hogar primero
allí, donde tú llegaste , tan frágil y tan pequeño,
que en vez de un pan bajo el brazo, traías un pedacito de cielo.
He regresado a tu infancia, de nuevo por un momento,
has vuelto a ser mi niño, juguetón y travieso.
Luego a tu adolescencia, llena de proyectos y sueños,
me contabas tus batallas y me derretía por dentro.
Hoy, tus hechuras, llevan un camino recto,
pronto te convertirás en un hombre cabal, sereno y honesto,
pero en esta transición, aún te quedarán momentos
de incertidumbre y desconsuelo con otros de grandes aciertos.
Aunque nuestros caminos, a veces se bifurcaron,
La vida los ha juntado y ahora corren paralelos.
Has vuelto a ser mi alegría, confidente y compañero.
Recuerdo aquel día que me dijiste: “mamá, cuanto te debo”,
se me inundaron los ojos y se me paró el aliento;
no hicieron falta palabras, tú supiste leer dentro
que si alguien debe algo, un mundo yo a ti te debo.
Conocerás a una chica y caminaréis parejos,
mientras mi corazón, desbordado de contento,
mezclará un poquito de envidia con mucho agradecimiento.
Junio
Se aleja junio cargado de incógnitas,
y nos deja un soplo de fuego en la nuca.
Queda una promesa en el aíre
envuelta en la silente quietud
que vertebra los sentidos.
Las noches, más cortas, esperan
que el rosario de horas azules
se desgrane lentamente.
Vestidas de oro y sepia,
su vertical caricia, nos empuja
a vivir al son de su cálida música.
Se aleja junio cargado de incógnitas,
y nos deja un soplo de fuego en la nuca.
Queda una promesa en el aíre
envuelta en la silente quietud
que vertebra los sentidos.
Las noches, más cortas, esperan
que el rosario de horas azules
se desgrane lentamente.
Vestidas de oro y sepia,
su vertical caricia, nos empuja
a vivir al son de su cálida música.
Buen viaje!
Sé que te inventaste un oasis
fragmentado en papel y celuloide,
pero era tu vida, y la vivíaseligiendo el vino y las rosas
y algunas gotas de ambrosía
resbalando por tus labios.
Sé que pusiste sonrisas a las penas,
que ocultaste como nadie
el hollín que amenazaba por tiznar el paisaje
y oscurecer el horizonte.
Sé también, que te has ido
ligera de equipaje, que te has llevado
unas caricias robadas y los sueños intactos.
Y sé que supiste, que incluso en terreno infértil
hay semillas que arraigan y resisten la adversidad.
Si tú te vas
Si te vas,
en la estancia que habitaba nuestra sombra
quedará el silencio colgando de los cuadros
y un filo de luz dispersa atravesando los espejos.
Si te vas,
reconstruiré tu silueta en la penumbra
recorriendo con la yema de los dedos
los trazos que creabas con los tuyos
descendiendo por mis hombros
y bajando por mi espalda.
Si te vas,
regresaré a mis renglones vacíos
de horas infértiles conjurando al alba
hasta que lleguen de nuevo las golondrinas.
en la estancia que habitaba nuestra sombra
quedará el silencio colgando de los cuadros
y un filo de luz dispersa atravesando los espejos.
Si te vas,
reconstruiré tu silueta en la penumbra
recorriendo con la yema de los dedos
los trazos que creabas con los tuyos
descendiendo por mis hombros
y bajando por mi espalda.
Si te vas,
regresaré a mis renglones vacíos
de horas infértiles conjurando al alba
hasta que lleguen de nuevo las golondrinas.
Sueños en blanco y negro
Qué nos quedará en otoño
cuando la luz nos tiña de grises
y el alba nos sorprenda
cubriéndonos con su lengua de acero.
Si enmudecen nuestros cuerpos,
si hibernan las caricias,
quedarán los sueños exentos de azul,
y algunas flores enmarcadas en pan de oro,
para recordarnos, que dentro de nosotros
aún late la primavera.
cuando la luz nos tiña de grises
y el alba nos sorprenda
cubriéndonos con su lengua de acero.
Si enmudecen nuestros cuerpos,
si hibernan las caricias,
quedarán los sueños exentos de azul,
y algunas flores enmarcadas en pan de oro,
para recordarnos, que dentro de nosotros
aún late la primavera.
Pisando fuerte
Intuyo los reproches silenciosos
de todas las mujeres que hay en mí.
Ellas, que amaron y sufrieron conmigo,
que se hicieron fuertes con mi fortaleza
creciendo a mí ritmo
Intuyo los reproches silenciosos
de todas las mujeres que hay en mí.
Ellas, que amaron y sufrieron conmigo,
que se hicieron fuertes con mi fortaleza
creciendo a mí ritmo
y afrontando el desanimo con mi entereza,
no me juzgan.
¡Callan y esperan!
Tienen la certeza,
de que un día, más tarde o más temprano,
acortaré mis vestidos,
subiré a mis tacones,
y regresaré.
Pisaré fuerte de nuevo por la vida.
Apóyate en mi brazo
Apóyate en mi brazo, susurra,
mientras se esfuerza él mismo
en mantener el equilibrio
que le niegan sus huesos
gastados por el tiempo.
Caminan despacio,
arrastrando la huella
en su paseo cotidiano
de la mañana del domingo.
Les espera su banco, en el parque,
y un sol generoso que entibia su frío.
¡Espera!, le dice, sacando un pañuelo
impoluto y planchado por ella,
para limpiar el asiento
de hojarasca y rocío.
Se sientan despacio
con las manos trenzadas
y guardan silencio.
Él busca en el recuerdo
otras mañanas de domingo
cuando ella, lozana y bella,
bajaba corriendo la colina
con su vestido de flores
y su melena al viento,
se ponía de puntillas
y le estampaba un beso.
Sus párpados cansados
ocultan la emoción
que le trae el recuerdo.
Con dedos temblorosos
rescata la caricia de sus labios,
y sin mediar palabra
le devuelve el beso.
mientras se esfuerza él mismo
en mantener el equilibrio
que le niegan sus huesos
gastados por el tiempo.
Caminan despacio,
arrastrando la huella
en su paseo cotidiano
de la mañana del domingo.
Les espera su banco, en el parque,
y un sol generoso que entibia su frío.
¡Espera!, le dice, sacando un pañuelo
impoluto y planchado por ella,
para limpiar el asiento
de hojarasca y rocío.
Se sientan despacio
con las manos trenzadas
y guardan silencio.
Él busca en el recuerdo
otras mañanas de domingo
cuando ella, lozana y bella,
bajaba corriendo la colina
con su vestido de flores
y su melena al viento,
se ponía de puntillas
y le estampaba un beso.
Sus párpados cansados
ocultan la emoción
que le trae el recuerdo.
Con dedos temblorosos
rescata la caricia de sus labios,
y sin mediar palabra
le devuelve el beso.
Rutina
No busques la belleza en el exterior de las personas
suele estar enmascarada.
Bucea su fondo, piérdete en el torbellino de sus ojos
y no te resistas a ser el niño que descubre su sexo,
el joven que desborda pasión,
o el viejo cum laude en sabiduría de la vida.
Y vuelve a ti, con las manos vacías de avaricia,
cálzate los zapatos de seis leguas para desandar lo recorrido.
Llénate de orgullo por ser capaz
de construir los andamiajes que te eleven
de la vulgar cotidianidad
con la que nos envuelve la vida.
He salido a la calle abrazado a la tristeza:
vi lo que no mira nadie y me dio vergüenza y pena. (.....) Fito & Fitipaldis
Laureles de plástico.
La noche se cubrió de frío, se congelaron las piedras,
se resquebrajaron los podios que sobre ellas se sustentan.
Si se han roto los espejos,
si en sus trozos sólo hay muecas de decepción y vergüenza,
¿Dónde buscar los activos necesarios para llegar a la meta?
Si se cambia: compañerismo, disciplina y,
respeto al adversario, por una ambición desmedida;
Cómo exigir sacrificio cuando las fuerzas flaquean,
mientras otros, sin tanto esfuerzo, van logrando las gestas.
Tienen su duelo los sueños
cuando la esperanza se entierra.
vi lo que no mira nadie y me dio vergüenza y pena. (.....) Fito & Fitipaldis
Laureles de plástico.
La noche se cubrió de frío, se congelaron las piedras,
se resquebrajaron los podios que sobre ellas se sustentan.
Si se han roto los espejos,
si en sus trozos sólo hay muecas de decepción y vergüenza,
¿Dónde buscar los activos necesarios para llegar a la meta?
Si se cambia: compañerismo, disciplina y,
respeto al adversario, por una ambición desmedida;
Cómo exigir sacrificio cuando las fuerzas flaquean,
mientras otros, sin tanto esfuerzo, van logrando las gestas.
Tienen su duelo los sueños
cuando la esperanza se entierra.
Princesa sin alas.
Sentada en su trono con ruedas
rodeada por el silencio del olvido,
sus miembros desfallecen lánguidos
en un absurdo sinsentido.
Sus manos vacías,
sus pies sin alas,
la huella dolorida.
Todo su cuerpo grita en silencio
recordando la hora maldecida.
¿Qué mira la princesa, más allá de la distancia?
¿Por qué sus ojos se extravían conmovidos?
¿Qué pasará por su cabecita distorsionada y retorcida?
¿De qué dimensión nos llegan estos seres exquisitos?
Extraño mundo éste, que primero no corta las alas y luego nos hecha a volar.
Es un parque como otro cualquiera, lleno de árboles y bancos, zona de columpios y una pista circular para patinar. Cada tarde, numerosos grupos de mamás, observan a sus niños, mientras éstos se divierten con gran alborozo; subiendo y bajando con habilidad asombrosa entre el entramado de cuerdas, cadenas y barras de los más diversos colores y formas.
La suelo ver allí, sentada en su silla de ruedas al lado de un banco algo alejado del bullicio. Haga frío o calor, una manta de cuadros rojos y negros cubre sus piernecitas. Sus manos, se retuercen sin cesar, y su cabecita, que permanece inclinada hacia la derecha, sube y baja ritmicamente como si asintiera a preguntas inexistentes, o la menos, inaudibles a nuestros oídos. Sin embargo, su boca, –siempre abierta-, sólo emite extraños sonidos que tan pronto parecen un lamento como una carcajada. Por la expresión de sus ojos, que se pierden tras las palomas que revolotean a sus pies, uno puede imaginarse cuan grande es su deseo de volar aunque fuera con alas prestadas.
A su lado, una mujer oriental, parece pendiente de sus gestos pero su mirada es inexpresiva y fría. La observa en silencio y como mucho, de vez en cuando, saca un pañuelo doblado de su bolsillo y la limpia unas lágrimas imaginarias.
Esta tarde, de la boca de la niña no salía ningún sonido y su mueca dolorida se había transformado en una gran sonrisa. Sus manitas permanecían inmóviles mientras una mujer, de aspecto elegante, las acariciaba con serena delicadeza. Las dos se miraban intensamente con un diálogo mudo que sin duda, les hacía cómplices y felices.
Esta tarde el parque tenía una luz especial.
Sentada en su trono con ruedas
rodeada por el silencio del olvido,
sus miembros desfallecen lánguidos
en un absurdo sinsentido.
Sus manos vacías,
sus pies sin alas,
la huella dolorida.
Todo su cuerpo grita en silencio
recordando la hora maldecida.
¿Qué mira la princesa, más allá de la distancia?
¿Por qué sus ojos se extravían conmovidos?
¿Qué pasará por su cabecita distorsionada y retorcida?
¿De qué dimensión nos llegan estos seres exquisitos?
Extraño mundo éste, que primero no corta las alas y luego nos hecha a volar.
Es un parque como otro cualquiera, lleno de árboles y bancos, zona de columpios y una pista circular para patinar. Cada tarde, numerosos grupos de mamás, observan a sus niños, mientras éstos se divierten con gran alborozo; subiendo y bajando con habilidad asombrosa entre el entramado de cuerdas, cadenas y barras de los más diversos colores y formas.
La suelo ver allí, sentada en su silla de ruedas al lado de un banco algo alejado del bullicio. Haga frío o calor, una manta de cuadros rojos y negros cubre sus piernecitas. Sus manos, se retuercen sin cesar, y su cabecita, que permanece inclinada hacia la derecha, sube y baja ritmicamente como si asintiera a preguntas inexistentes, o la menos, inaudibles a nuestros oídos. Sin embargo, su boca, –siempre abierta-, sólo emite extraños sonidos que tan pronto parecen un lamento como una carcajada. Por la expresión de sus ojos, que se pierden tras las palomas que revolotean a sus pies, uno puede imaginarse cuan grande es su deseo de volar aunque fuera con alas prestadas.
A su lado, una mujer oriental, parece pendiente de sus gestos pero su mirada es inexpresiva y fría. La observa en silencio y como mucho, de vez en cuando, saca un pañuelo doblado de su bolsillo y la limpia unas lágrimas imaginarias.
Esta tarde, de la boca de la niña no salía ningún sonido y su mueca dolorida se había transformado en una gran sonrisa. Sus manitas permanecían inmóviles mientras una mujer, de aspecto elegante, las acariciaba con serena delicadeza. Las dos se miraban intensamente con un diálogo mudo que sin duda, les hacía cómplices y felices.
Esta tarde el parque tenía una luz especial.
La distancia entre dos puntos, no siempre es una línea recta.
Como si fueran hojas de los árboles en otoño,
o fruta madura;
las etapas de la vida, cumplen su ciclo vital.
Acabado éste, también caen asfixiando las raíces.
Las hojas muertas, se transforman en el compost
que alimenta ramas nuevas.
Las etapas concluidas, cimientan las venideras,
y de nosotros depende elegir el camino para
salvar los obstáculos con la experiencia adquirida.
Pues a pesar de las encrucijadas del destino,
la razón nos dice, que una línea recta
siempre es más corta que una quebrada.
Como si fueran hojas de los árboles en otoño,
o fruta madura;
las etapas de la vida, cumplen su ciclo vital.
Acabado éste, también caen asfixiando las raíces.
Las hojas muertas, se transforman en el compost
que alimenta ramas nuevas.
Las etapas concluidas, cimientan las venideras,
y de nosotros depende elegir el camino para
salvar los obstáculos con la experiencia adquirida.
Pues a pesar de las encrucijadas del destino,
la razón nos dice, que una línea recta
siempre es más corta que una quebrada.
VIDA ROTA
Se deshiló el cordón de una vida presentida
y cayó al suelo con el estrépito del cristal roto.
El tiempo quedó en suspenso
mientras la sangre brotaba humillada.
Aún busca en el subconsciente
el punto frágil que quebró
ahogando así el llanto neonato.
Y se pregunta,
¿por qué el castigo hizo diana
en donde el dolor es más agudo?
Ahora sólo le queda
recoger los vidrios esparcidos por la sala
y tratar de recomponer con ellos un sueño de nueve meses.
y cayó al suelo con el estrépito del cristal roto.
El tiempo quedó en suspenso
mientras la sangre brotaba humillada.
Aún busca en el subconsciente
el punto frágil que quebró
ahogando así el llanto neonato.
Y se pregunta,
¿por qué el castigo hizo diana
en donde el dolor es más agudo?
Ahora sólo le queda
recoger los vidrios esparcidos por la sala
y tratar de recomponer con ellos un sueño de nueve meses.
La ausencia empaña los cristales.
Volver a ti
y descubrir que el tiempo se detuvo en mi ausencia,
que los cristales aún continúan empañados
y todavía quedan ascuas encendidas en la chimenea.
Volver a ti desafiando al tiempo y la distancia
sin más equipaje que mis labios sedientos de tu sal,
vestirme con tu piel y descansar del largo viaje
acostada en tu cuerpo.
Volver a ti y no sentir prisa por regresar.
y descubrir que el tiempo se detuvo en mi ausencia,
que los cristales aún continúan empañados
y todavía quedan ascuas encendidas en la chimenea.
Volver a ti desafiando al tiempo y la distancia
sin más equipaje que mis labios sedientos de tu sal,
vestirme con tu piel y descansar del largo viaje
acostada en tu cuerpo.
Volver a ti y no sentir prisa por regresar.
Después del adiós.
Regaré el camino con tus flores,
la senda que escogiste al partir.
Y volvoré en primavera,
para saberte vestida con colores y armonía;
perfumada por las gotas de un rocío recién amanecido.
Agradecida a la caricia del sol
que entibia tu rostro.
Escucharé tus pesares
y seré lluvia para llorar contigo.
la senda que escogiste al partir.
Y volvoré en primavera,
para saberte vestida con colores y armonía;
perfumada por las gotas de un rocío recién amanecido.
Agradecida a la caricia del sol
que entibia tu rostro.
Escucharé tus pesares
y seré lluvia para llorar contigo.
Nuestra casa.
No hay muros gruesos
ni puertas o ventanas por cerrar.
Basta con bajar los párpados
y liberar los sentidos
para trasladarnos al hogar
contruido en la distancia y el tiempo
y forjado en la memoria.
Un espacio para nosotros,
escogidos por los dos,
donde el sol, el mar o las estrellas,
no están fuera, sino dentro.
Mi casa eres tú, tu casa soy yo,
nuestra casa somos nosotros.
ni puertas o ventanas por cerrar.
Basta con bajar los párpados
y liberar los sentidos
para trasladarnos al hogar
contruido en la distancia y el tiempo
y forjado en la memoria.
Un espacio para nosotros,
escogidos por los dos,
donde el sol, el mar o las estrellas,
no están fuera, sino dentro.
Mi casa eres tú, tu casa soy yo,
nuestra casa somos nosotros.
Alas.
El hombre nace libre, pierde sus alas al nacer.
Luego, durante toda la vida
se empeña en que le crezcan de nuevo.
Luego, durante toda la vida
se empeña en que le crezcan de nuevo.
A veces, estas alas recien nacidas,
son tan frágiles que solo le permiten
planear a ras de suelo.
Tan a ras del suelo, que los charcos
las mojan haciéndolas inservibles.
Pero yo sé de un lugar
en donde adquirir alas indestructibles,
que te permitirán volar alto y tan lejos
como llegue tu imaginación.
En ese lugar
podrás encontrar tantas como libros
descansan en sus estanterías.
Tan a ras del suelo, que los charcos
las mojan haciéndolas inservibles.
Otras, se engaña construyéndolas de plástico, y el primer rayo de sol, las derrite con su calor.
Pero yo sé de un lugar
en donde adquirir alas indestructibles,
que te permitirán volar alto y tan lejos
como llegue tu imaginación.
En ese lugar
podrás encontrar tantas como libros
descansan en sus estanterías.
(Fotografía tomada prestada del foro de Ruiz de Aloza)
Se mueve el mundo
De su mundo queda:
Un tiempo del pasado desgajado a mordiscos,
heridas que aparecen tras la piel como ladrillos rojos bajo cal viva.
Una boca que calla,
una sonrisa encarcelada, embutida en un corsé social construido con silencios.
Pero sus ojos… No hay barrotes para sus ojos.
Vuelan tan alto y tan lejos como lo esté su horizonte,
o se pliegan escondiendo sus misterios con un leve parpadeo.
Por una mirada suya,
por un brillo de estrellas en sus pupilas,
se mueve el mundo.
Ese mundo que a veces, nos sorprende generoso
Añoranzas
En perpetua transición entre el ayer y el hoy
me llegan los recuerdos rescatados al olvido,
como si un eco de campanas muy lejanas
quebradas por el golpe del badajo
desprendieran esquirlas de metal narcotizante
y se clavaran en la mente paralizando la memoria.
¡Qué lejos queda ese pasado idealizado!
Transitábamos por las tardes estivales
sentadas en el quicio de la puerta
hilvanando las costuras de la vida,
remendando frustraciones
o bordando (des)esperanzas
sobre un lienzo cuajado de puntadas invisibles.
Añoranzas de una vida ya vivida.
me llegan los recuerdos rescatados al olvido,
como si un eco de campanas muy lejanas
quebradas por el golpe del badajo
desprendieran esquirlas de metal narcotizante
y se clavaran en la mente paralizando la memoria.
¡Qué lejos queda ese pasado idealizado!
Transitábamos por las tardes estivales
sentadas en el quicio de la puerta
hilvanando las costuras de la vida,
remendando frustraciones
o bordando (des)esperanzas
sobre un lienzo cuajado de puntadas invisibles.
Añoranzas de una vida ya vivida.
Equipaje
Te crecerán las ramas.
Te sentí árbol de tronco erguido cual rayo quebró sus ramas
hiriendo en lo profundo la armonía
arrastrando con la herida a la desgana.
Tu sombra se desplaza lentamente
descubriendo las raíces que crecían enterradas.
Ahora, medio desnudo,
a tus píes crece la retama
destruyendo la alfombra fresca
en la que yo me acunaba
mientras algún rayo de sol osado
se colaba entre las hojas y acariciaba mi cara.
Tal vez si llegan las lluvias
y te regalan su agua
esa herida cicatrice
y crezcan nuevas ramas.
Viajar con la imaginación.
Los rayos de sol hirientes y generosos de agosto penetran a través de las ramas jóvenes del sauce bajo el que estoy tendida sobre la hierba, creando un juego de luces y sombras sobre mi cara, un sopor agradable me invade y me predispone a la ensoñación.
Contemplo extasiada a una colonia de vencejos, aparentemente y ante mi ignorancia en lo que respecta al comportamiento de estas aves, su vuelo es desorganizado. Forman extrañas filigranas rompiendo el azul del cielo en un incansable ir y venir.
Mucho más arriba, casi rozando las nubes, un puntito plateado se mueve con rapidez partiendo el cielo en dos con una finísima estela. Por su trayectoria bien puede ser un avión lleno de turistas del norte en busca del sol y las playas del sur.
En ese estado de ensoñación donde se confunde la realidad con la fantasía, mi imaginación me traslada dentro del aparato convirtiéndome en el pasajero número cero. Desde esta privilegiada posición, contemplo al resto del pasaje y voy deteniéndome en cada viajero a la vez que creo mi peculiar composición. Es como un juego que me atrae desde niña, crear historias basándome en la observación o en los detalles y palabras que se escapan aquí y allá. Me detengo en una pareja acompañada de dos pequeños, éstos se remueven intranquilos en el asiento sin comprender muy bien porqué deben permanecer atados. Sus gritos molestan a otros pasajeros adultos que van leyendo o contemplan la pantalla de la TV con los auriculares puestos. Los padres, azorados, hacen un gesto de disculpa y esperan la comprensión de los demás, al fin y al cabo, sólo son niños. Un poco más al fondo, un grupo de jóvenes ocupa varios asientos contiguos, levantan la voz para hablar con los amigos que van sentados más atrás. Sus risas a veces en tono demasiado elevado, también llaman la atención de los otros pasajeros. Sin embargo, nadie dice nada, vuelven a sus libros o películas mientras algunos murmuran a modo de disculpa -"Todos hemos sido jóvenes"-. Los muchachos, inconscientes, siguen hacíendo planes sobre lo que harán en sus vacaciones y disfrutan de veras.
Planear unas vacaciones, no deja de ser como vivirlas dos veces. Al otro lado del pasillo, dos ancianos, un hombre y una mujer de avanzada edad y aspecto agradable, se miran con cariño, con la confianza que da el conocimiento mutuo, el saber que no hacen falta palabras para entenderse. Sus ojos lo dicen todo. Sus manos ajadas por el paso del tiempo, permanecen entrelazadas. Las venas, casi superficiales, dejan entrever como sus pulsos laten al unísono.
Despierto y me río sola ante esta capacidad mía para elucubraciones y fantasías, pero estoy convencida que imaginar historias es lo más parecido a vivirlas.
Contemplo extasiada a una colonia de vencejos, aparentemente y ante mi ignorancia en lo que respecta al comportamiento de estas aves, su vuelo es desorganizado. Forman extrañas filigranas rompiendo el azul del cielo en un incansable ir y venir.
Mucho más arriba, casi rozando las nubes, un puntito plateado se mueve con rapidez partiendo el cielo en dos con una finísima estela. Por su trayectoria bien puede ser un avión lleno de turistas del norte en busca del sol y las playas del sur.
En ese estado de ensoñación donde se confunde la realidad con la fantasía, mi imaginación me traslada dentro del aparato convirtiéndome en el pasajero número cero. Desde esta privilegiada posición, contemplo al resto del pasaje y voy deteniéndome en cada viajero a la vez que creo mi peculiar composición. Es como un juego que me atrae desde niña, crear historias basándome en la observación o en los detalles y palabras que se escapan aquí y allá. Me detengo en una pareja acompañada de dos pequeños, éstos se remueven intranquilos en el asiento sin comprender muy bien porqué deben permanecer atados. Sus gritos molestan a otros pasajeros adultos que van leyendo o contemplan la pantalla de la TV con los auriculares puestos. Los padres, azorados, hacen un gesto de disculpa y esperan la comprensión de los demás, al fin y al cabo, sólo son niños. Un poco más al fondo, un grupo de jóvenes ocupa varios asientos contiguos, levantan la voz para hablar con los amigos que van sentados más atrás. Sus risas a veces en tono demasiado elevado, también llaman la atención de los otros pasajeros. Sin embargo, nadie dice nada, vuelven a sus libros o películas mientras algunos murmuran a modo de disculpa -"Todos hemos sido jóvenes"-. Los muchachos, inconscientes, siguen hacíendo planes sobre lo que harán en sus vacaciones y disfrutan de veras.
Planear unas vacaciones, no deja de ser como vivirlas dos veces. Al otro lado del pasillo, dos ancianos, un hombre y una mujer de avanzada edad y aspecto agradable, se miran con cariño, con la confianza que da el conocimiento mutuo, el saber que no hacen falta palabras para entenderse. Sus ojos lo dicen todo. Sus manos ajadas por el paso del tiempo, permanecen entrelazadas. Las venas, casi superficiales, dejan entrever como sus pulsos laten al unísono.
Despierto y me río sola ante esta capacidad mía para elucubraciones y fantasías, pero estoy convencida que imaginar historias es lo más parecido a vivirlas.
Contracorriente.
Levantaba sus pies del suelo y apretaba los ojos con fuerza
mientras agitaba los brazos
con la energía de sus pocos años simulando alas.
Soñaba que volaba,
volaba alto y lejos.
Y soñaba que de sus pequeños dedos
crecían raices que la sujetaban a la tierra
con la fuerza de una garra de hirro.
Continua contradicción:
Crecer y comprender
que nunca se es del todo mujer de tierra o de viento.
Recuerdos
No se trata de escribir nada importante aunque la pluma sea docta –que no es el caso- y la inspiración desbordante –que tampoco-. Se trata de rescatar, a través de los recuerdos, aquellos instantes que marcaron una existencia tan lejana como presente en la memoria.
Flores secas encerradas en lo alto del estante prisioneras entre las páginas de un libro olvidado. Algunas cuentas de un collar de coralinas -las otras, se quedaron entre las hojas secas del parque una tarde gris y ventosa del otoño-. Un par de entradas de un cine de verano aquella inolvidable tarde en el que "el explendor en la hierba" se salía de la pantalla.
Bien atado, con cintas de raso verde, -igual porque es el color de la esperanza- un montón de sobres sin abrir ya que nunca fueron enviados. Cartas escritas con mano temblorosa, algún que otro tachón, y por supuesto, la firma rubicada con un gran corazón carmesí atravesado por la flecha de un cupido sin puntería. A ellas, a las cartas, las privé de la aventura de un viaje en el viejo y oxidado vagón del correo. A su destinatario, tal vez, de muchas risas…y alguna lágrima. y a mi, de la emoción de esperar al cartero cada mañana.
Buscando respuestas
No reviso mi pasado,
¿para qué?
¡El pasado ya no existe!
No indago sobre mi futuro,
el futuro está por llegar,
por tanto, ¡no existe!
Busco el Aquí y Ahora
y me pregunto, ¿el presente existe?
¿No es tal vez un espejismo?
Si vivo convencida de que mañana será mejor,
entonces, ¿vivo en realidad en el presente?
¿Disfruto de él?
¿Busco en el futuro que no existe, basándome en un pasado que tampoco?
¿Será todo una utopía?
¿para qué?
¡El pasado ya no existe!
No indago sobre mi futuro,
el futuro está por llegar,
por tanto, ¡no existe!
Busco el Aquí y Ahora
y me pregunto, ¿el presente existe?
¿No es tal vez un espejismo?
Si vivo convencida de que mañana será mejor,
entonces, ¿vivo en realidad en el presente?
¿Disfruto de él?
¿Busco en el futuro que no existe, basándome en un pasado que tampoco?
¿Será todo una utopía?
Sevilla.
Siempre me pareció hermosa, las referencias que tenía de ella fueron muchas y aunque tardé en conocela físicamente, mis expectativas se vieron gratamente satisfechas.
Sus calles a un lado y otro del río conservan una magia especial.
El aroma de primavera es algo que te entra por los sentidos (los cinco) y no se desprende jamás.
Ahora, cuando la contemplo a lo lejos a través de los cristales, convertida en luces y sombras envueltas en el rumor de la vida, me parece un sueño, de esos, que uno sabe que al despertar no se desvanecerá.
Siempre me pareció hermosa, las referencias que tenía de ella fueron muchas y aunque tardé en conocela físicamente, mis expectativas se vieron gratamente satisfechas.
Sus calles a un lado y otro del río conservan una magia especial.
El aroma de primavera es algo que te entra por los sentidos (los cinco) y no se desprende jamás.
Ahora, cuando la contemplo a lo lejos a través de los cristales, convertida en luces y sombras envueltas en el rumor de la vida, me parece un sueño, de esos, que uno sabe que al despertar no se desvanecerá.
Preciosa
Hay una sutil diferencia en sostener una mano o encadenarla.
Uno aprende que los besos no son letra de cambio.
Que las promesas no son contratos.
Que el amor no tiene medida, ni peso, ni precio;
aún así, no siempre es accesible
y muy pocas veces es correspondido en la misma magnitud del que entregamos.
Y uno empieza a aceptar sus derrotas
procurando mantener la cabeza alta y la ilusión intacta,
y a cerrar puertas siendo consciente,
que una puerta no es puerta hasta que está cerrada.
Y a construir caminos nuevos.
A sentirse fuerte.
A saber que vale.
A tener esperanza.
Al final,
uno espera a que escampe para que la fruta madure y el jardín florezca.
Sin olvidar nunca que el sol se oculta cada tarde y regresa cada mañana.
Y tú, no dejes nunca de llamarme preciosa.
Uno aprende que los besos no son letra de cambio.
Que las promesas no son contratos.
Que el amor no tiene medida, ni peso, ni precio;
aún así, no siempre es accesible
y muy pocas veces es correspondido en la misma magnitud del que entregamos.
Y uno empieza a aceptar sus derrotas
procurando mantener la cabeza alta y la ilusión intacta,
y a cerrar puertas siendo consciente,
que una puerta no es puerta hasta que está cerrada.
Y a construir caminos nuevos.
A sentirse fuerte.
A saber que vale.
A tener esperanza.
Al final,
uno espera a que escampe para que la fruta madure y el jardín florezca.
Sin olvidar nunca que el sol se oculta cada tarde y regresa cada mañana.
Y tú, no dejes nunca de llamarme preciosa.
Al Cazador cazado
Dicen que las cazabas al vuelo. Que en tu caminar diario
bajo la sombra del ciprés que puebla la Arboleda,
rescatabas las palabras mudas del gesto de tus gentes.
Y nos construias historias para refrescar la memoria
casi siempre, escondida tras las puertas.
Por ti supimos que hubo un antes lleno de silencio y renuncia,
un hoy, rodeado de acomodo y olvido,
y que habrá un mañana inevitable, habitado de esperanza para quienes sueñan y callan.
Gracias, caballero castellano,
por abrir la ventana
y despejar las sombras.
Descanse en paz
Feliz 2010
Por ti y para ti.
Dentro de unas horas nos abandonará este año para dar paso a otro nuevo. Se trata de algo natural y repetitivo pero no creo que haya nadie que no sienta un cosquilleo en las tripas y en la esperanza. Todos, de una forma o de otra, esta noche levantaremos nuestra copa para brindar con los nuestros y seguramente, la mayoría, al hacerlo tengamos en nuestra mente mucho más de lo que seamos capaces de reconocer. Felicidades para todos!!!
Una gota de café.
He abierto el libro al azar, lo leí hace años, exactamente en el verano del 86. He ido pasado las páginas y leyendo algunos párrafos, hasta que poco a poco, he recordado de qué iba. Al llegar a la página 116, me he quedado un instante en suspenso mientras un mundo de recuerdos dormidos ―que no olivados―, me ha golpeado con tanta fuerza como si acabaran de pasar. En una esquina del libro; una mancha oscura de tonalidad difusa, entre marrón y gris, casi impide que se pueda leer lo que hay escrito debajo.
Como en una tira de aquellos fotomatones ―hoy en desuso―, han ido pasando por delante de mí cada uno de los instantes de aquella tarde.
Me he visto recostada en un extremo del gran sofá color melocotón con un libro en las manos, mientras disfrutaba de una humeante taza de café. Te he visto a ti en idéntica posición, pero en el extremo contrario.
Como siempre, sin premeditación, nuestros pies se han enzarzado en una batalla por ver quien era el primero en dejar indefenso al otro con un bombardeo de cosquillas. Por supuesto, yo te he vencido. Has reaccionado levantándote bruscamente y con el movimiento has golpeado sin querer la taza, se ha derramado parte del café salpicándonos al libro y mí.
Me he estremecido al recordar como, en un momento, arreglaste el estropicio usando tus labios como si fueran de algodón absorbente y recogiendo de mi escote cada gota del aromático líquido.
Con una nostálgica sonrisa he colocado de nuevo el libro en la estantería; no sin antes acariciar con mis dedos esa mancha que siempre hablará de tu presencia. He regresado al sofá que ahora es blanco y frío. En el otro extremo, un montón de cojines de colores ocupan todo el espacio. Sobre la mesa, intacta, la taza de café hace rato que ha dejado de humear y su amargo contenido, se ha quedado frío.
“El hombre, se diferencia del resto de los animales, porque busca justificación para sus atrocidades”
Sinrazón
Sinrazón
En Alejandría, aquellos hombres de negro esgrimieron la bandera del rencor convencidos de tener el beneplácito de un Dios todo poderoso.
Acabaron con la belleza destruyendo la palabra impresa. Quemaron siglos de sabiduría, de búsqueda incesante de la verdad a través de la ciencia y la razón. No vieron más allá del fanatismo; esa máquina infernal que acaba con el hombre y lo transforma en un animal rabioso. Aniquilaron a un pueblo con la saña de quien padeció antes la barbarie.
Hipatia sufrió la cólera en sus carnes -de quien bebió de su mano- por buscar la respuesta de la conjunción de los planetas, y ser capaz de ver más allá de las estrellas. Nosotros, a través de los tiempos, aún continuamos mirando al cielo buscando el misterio
que se esconde en la mente del hombre.
No se puede llorar entre barrotes
Se esconden tantas miradas vacías
en esta mole de hormigón sin alma…
Se ahogan tantas palabras con el eco de la ira…
La noche aquí, no es un remanso para unos sueños amargos como hiel.
Sólo el alcohol y el humo de las flores ahuyenta a los fantasmas que cuelgan de los aleros.
Crujen los huesos y se arruga la piel como papel viejo.
Apenas corre sangre por las venas tan llenas de demonios.
Nadie duerme si lloran los gatos.
Hay demasiadas voces agitando la conciencia.
Se teme al ruido de los cerrojos,
nunca se sabe si ha llegado la hora de saldar cuentas
o el momento de cobrarse la venganza.
Nadie espera el azul entre barrotes,
reconocen la cara del miedo arrastrando su sombra por los pasillos.
en esta mole de hormigón sin alma…
Se ahogan tantas palabras con el eco de la ira…
La noche aquí, no es un remanso para unos sueños amargos como hiel.
Sólo el alcohol y el humo de las flores ahuyenta a los fantasmas que cuelgan de los aleros.
Crujen los huesos y se arruga la piel como papel viejo.
Apenas corre sangre por las venas tan llenas de demonios.
Nadie duerme si lloran los gatos.
Hay demasiadas voces agitando la conciencia.
Se teme al ruido de los cerrojos,
nunca se sabe si ha llegado la hora de saldar cuentas
o el momento de cobrarse la venganza.
Nadie espera el azul entre barrotes,
reconocen la cara del miedo arrastrando su sombra por los pasillos.
Ella
Desde que ella se fue,
sólo brilla su retrato en tu mesita.
Lo demás, se asfixia bajo el polvo y la desidia.
Apenas te importa más vida que la que abarcan tus ojos;
el resto, es un espiral que se desintegra a tus espaldas.
Cada noche te acomodas en la barra de un bar cualquiera
sin más interés, de que te sirvan el café cargado y bien caliente.
O que la rubia de la barra te roce con sus caderas cuando pasa por tu lado.
Sólo a veces, murmuras unas palabras que se pierden con el ruido
dejando en tus labios los restos de una mueca indescifrable.
Hace tiempo, construiste una isla perdida en medio del océano de tu memoria
en la que habitas con su recuerdo.
Refugiado en la piel y en sus arrugas.
sólo brilla su retrato en tu mesita.
Lo demás, se asfixia bajo el polvo y la desidia.
Apenas te importa más vida que la que abarcan tus ojos;
el resto, es un espiral que se desintegra a tus espaldas.
Cada noche te acomodas en la barra de un bar cualquiera
sin más interés, de que te sirvan el café cargado y bien caliente.
O que la rubia de la barra te roce con sus caderas cuando pasa por tu lado.
Sólo a veces, murmuras unas palabras que se pierden con el ruido
dejando en tus labios los restos de una mueca indescifrable.
Hace tiempo, construiste una isla perdida en medio del océano de tu memoria
en la que habitas con su recuerdo.
Refugiado en la piel y en sus arrugas.
Aquellos trenes
A veces,
al asomarte a la ventana veías el mundo
Un mundo cambiante; azul y verde o gris y negro.
Pasaba ante tus ojos con la rapidez del rayo
mientras tu retina giraba loca en busca de apoyo que guardara el equilibrio.
La lluvia, la nieve, la niebla…
quedan fuera, morían antes de llegar a tu destino
incluso había veces, que una sonrisa llena de mocos
te robaba el alma y prometías volver sobre tus pasos
para buscar esa mirada y asomarte a ella.
Casi siempre, sólo quedaba en la intención.
Cada viaje era un sueño inconcluso,
una aventura rugiendo entre vagones,
sorteando señales; atravesando túneles,
cuyas bocas oscuras te transportaban un instante hasta el infierno.
Cada destino, morir un poco y renacer en otra dimensión.
Ya nadie arrastra su pasado en maletas con correas;
ahora, es tan liviano, que cabe en un portafolios
o se comprime milagrosamente en un pendrive de moda.
No has llegado y ya conoces la hora del regreso.
al asomarte a la ventana veías el mundo
Un mundo cambiante; azul y verde o gris y negro.
Pasaba ante tus ojos con la rapidez del rayo
mientras tu retina giraba loca en busca de apoyo que guardara el equilibrio.
La lluvia, la nieve, la niebla…
quedan fuera, morían antes de llegar a tu destino
incluso había veces, que una sonrisa llena de mocos
te robaba el alma y prometías volver sobre tus pasos
para buscar esa mirada y asomarte a ella.
Casi siempre, sólo quedaba en la intención.
Cada viaje era un sueño inconcluso,
una aventura rugiendo entre vagones,
sorteando señales; atravesando túneles,
cuyas bocas oscuras te transportaban un instante hasta el infierno.
Cada destino, morir un poco y renacer en otra dimensión.
Ya nadie arrastra su pasado en maletas con correas;
ahora, es tan liviano, que cabe en un portafolios
o se comprime milagrosamente en un pendrive de moda.
No has llegado y ya conoces la hora del regreso.
Fénix
Se le desnudan las alas cuando intenta volar
en cada salto aterriza sobre el barro.
Se refugia plegada toda ella en los rincones de esta casa
donde anidan grietas y desconchones,
ampollas de un pasado cobrándose su legado.
Amarillean las hojas del tiempo vivido,
se oscurecen los cuadros de la memoria,
apenas queda vida en los retratos.
Fue sucumbiendo en todos los otoños.
en cada salto aterriza sobre el barro.
Se refugia plegada toda ella en los rincones de esta casa
donde anidan grietas y desconchones,
ampollas de un pasado cobrándose su legado.
Amarillean las hojas del tiempo vivido,
se oscurecen los cuadros de la memoria,
apenas queda vida en los retratos.
Fue sucumbiendo en todos los otoños.
Abuela
Encontrarás los recuerdos en mis palabras discurriendo paralelos a la grafía.
Si escribo de mis sueños infantiles tu sonrisa se ensancha de alegría.
Si es de mi amor adolescente sonríes con infinita ternura
y una chispa de burla amorosa cuelga de tus pestañas.
Cuando lees de las dudas en mis tardes de estudiante
tus ojos giran desconcertados buscado ayuda
y a mi me llega el aroma de chocolate con bizcochos
que ocultaba tu impotencia.
Ya no lees,
ahora te tiembla la boca mientras un mar de lágrimas frágiles y emocionadas
pergaminan tu rostro y lo llenan de huellas de tanta vida vivida,
en el fondo de tu retina, vuelvo a ser novia blanca entre tules y rosas.
Fuiste cimiento en mi vida y ahora yo desearía ser apoyo en la tuya.
Si escribo de mis sueños infantiles tu sonrisa se ensancha de alegría.
Si es de mi amor adolescente sonríes con infinita ternura
y una chispa de burla amorosa cuelga de tus pestañas.
Cuando lees de las dudas en mis tardes de estudiante
tus ojos giran desconcertados buscado ayuda
y a mi me llega el aroma de chocolate con bizcochos
que ocultaba tu impotencia.
Ya no lees,
ahora te tiembla la boca mientras un mar de lágrimas frágiles y emocionadas
pergaminan tu rostro y lo llenan de huellas de tanta vida vivida,
en el fondo de tu retina, vuelvo a ser novia blanca entre tules y rosas.
Fuiste cimiento en mi vida y ahora yo desearía ser apoyo en la tuya.
Flechazo
Nos vimos en un bar de copas
envueltos en el humo coloreado por las luces de neón.
Tú, en un extremo de la barra, yo, de espaldas, en un rincón.
Un espejo oportuno nuestra mirada enfrentó,
y se amarraron al instante sin que ninguno de los dos
sucumbiera al reto de soltarse a pesar de la presión.
De tus labio ha brotado una caricia callada
y la sorpresa en tus ojos al verme corresponder.
La música y el murmullo amortigua sin apagar,
el eco de nuestros pulsos latiendo en dualidad.
Y son tan fuertes los latidos, tan intenso su sonar,
que nos aíslan del resto, tu y yo sólos en el bar.
No han hecho falta palabras, ni más señas o señales.
Los dos hemos comprendido y aceptado sin dudar
que la vida es un instante y si pasa, no volverá.
envueltos en el humo coloreado por las luces de neón.
Tú, en un extremo de la barra, yo, de espaldas, en un rincón.
Un espejo oportuno nuestra mirada enfrentó,
y se amarraron al instante sin que ninguno de los dos
sucumbiera al reto de soltarse a pesar de la presión.
De tus labio ha brotado una caricia callada
y la sorpresa en tus ojos al verme corresponder.
La música y el murmullo amortigua sin apagar,
el eco de nuestros pulsos latiendo en dualidad.
Y son tan fuertes los latidos, tan intenso su sonar,
que nos aíslan del resto, tu y yo sólos en el bar.
No han hecho falta palabras, ni más señas o señales.
Los dos hemos comprendido y aceptado sin dudar
que la vida es un instante y si pasa, no volverá.
Pequeña ladronzuela
Camina con andares felinos, la cabeza baja, olfateando el suelo. La mirada huidiza, temerosa de delatarse. Algo esconde entre las manos que se ocultan nerviosas dentro de los bolsillos del raído abrigo tres tallas más grandes que su pequeño cuerpo. Al llegar a la esquina, se vuelve disimuladamente mientras se asegura que nadie le sigue. Se para ante el primer portal que encuentra con la puerta abierta y vuelve a mirar con desconfianza de derecha a izquierda varías veces, al final, se decide a entrar. Ha escogido bien, el lugar es oscuro y está desierto. Se oculta al fondo, en donde la oscuridad es más evidente y una vez comprobado que no le molestará nadie, saca de su bolsillo algo diminuto envuelto en papel brillante que cruje cuando con dedos nerviosos, lo desenvuelve cuidadosamente. Lo mete con avidez a la boca, lo saborea y su rostro se transforma en una gran sonrisa de satisfacción mientras toda la escalera se llena de un intenso y dulzón olor a fresa.
Crecerá la niebla
Pude oír tus pasos alejarse
mientras mis oidos se llenaron de su eco.
Me sentí pequeña y un grito mudo se escapó de mi garganta.
Arranqué de mi piel las ganas,
me volví mármol veteado de silencios
y rompí todos los espejos.
Luego, me deshice lentamente.
No te hablé de la angustia de la noche
ni de las veces que he llorado con la luna.
Porque al final,
entre tu y yo, crecerá la niebla entre los árboles.
mientras mis oidos se llenaron de su eco.
Me sentí pequeña y un grito mudo se escapó de mi garganta.
Arranqué de mi piel las ganas,
me volví mármol veteado de silencios
y rompí todos los espejos.
Luego, me deshice lentamente.
No te hablé de la angustia de la noche
ni de las veces que he llorado con la luna.
Porque al final,
entre tu y yo, crecerá la niebla entre los árboles.
Rubor
Cuando sientes que te mira y sus ojos te acarician,
piensas que el mundo te observa y crees morir
Esas caricias presentida son las que te hacen sentir:
Que la piel se eriza,
el corazón bombea loco,
la cara arde y se pone como la grana,
los ojos no aguantan la presión y parpadean sorprendidos.
Las manos se humedecen,
la boca se seca y la abres o la cierras como un pez fuera del agua balbuceando incongruencias.
O ríes sin maneras con risa incontrolada y tonta hasta que te palpitan las sienes y la cabeza te estalla.
Te vuelves tan torpe que hasta los pies se enredan solos.
¡Eres un desastre!
Menos mal que es un instante y recuperada la compostura,
ahora sí, sueltas la carcajada
mientras suspiras resignada
sabiendo que mañana cuando te mire de nuevo te volverá a suceder.
piensas que el mundo te observa y crees morir
Esas caricias presentida son las que te hacen sentir:
Que la piel se eriza,
el corazón bombea loco,
la cara arde y se pone como la grana,
los ojos no aguantan la presión y parpadean sorprendidos.
Las manos se humedecen,
la boca se seca y la abres o la cierras como un pez fuera del agua balbuceando incongruencias.
O ríes sin maneras con risa incontrolada y tonta hasta que te palpitan las sienes y la cabeza te estalla.
Te vuelves tan torpe que hasta los pies se enredan solos.
¡Eres un desastre!
Menos mal que es un instante y recuperada la compostura,
ahora sí, sueltas la carcajada
mientras suspiras resignada
sabiendo que mañana cuando te mire de nuevo te volverá a suceder.
A donde la imaginación te lleve
Mirando al mundo con lo que de infantil nos queda
Podrás volar sin límite por cielos púrpura
sin que la sangre te tizne el corazón.
Podrás mantenerte ingrávido entre las aves,
vestir sus plumas y conocer su libertad.
Podrás descender despacio
o elevarte tan alto como la cometa que guiada por manos infantiles
cruza el cielo con piruetas imposibles.
Podrás remontar mares sin más remo que tus brazos,
cabalgar sobre delfines alados en la cresta de las olas
o bajar a las profundidades marinas para buscar el corazón del mar.
Podrás visitar ciudades lejanas,
conocer seres extraños capaces de comunicarse sin palabras, o podras extasiarte contemplando la superación de un niño que está aprendiendo a caminar.
Pero sobre todo,
podrás pintarme un mundo de colores,
y cuando yo esté triste, lo podré mirar.
Podrás volar sin límite por cielos púrpura
sin que la sangre te tizne el corazón.
Podrás mantenerte ingrávido entre las aves,
vestir sus plumas y conocer su libertad.
Podrás descender despacio
o elevarte tan alto como la cometa que guiada por manos infantiles
cruza el cielo con piruetas imposibles.
Podrás remontar mares sin más remo que tus brazos,
cabalgar sobre delfines alados en la cresta de las olas
o bajar a las profundidades marinas para buscar el corazón del mar.
Podrás visitar ciudades lejanas,
conocer seres extraños capaces de comunicarse sin palabras, o podras extasiarte contemplando la superación de un niño que está aprendiendo a caminar.
Pero sobre todo,
podrás pintarme un mundo de colores,
y cuando yo esté triste, lo podré mirar.
Contra viento y marea.
Se desató la barquita del deseo, descendió rauda por el río,
no encalló a pesar de los escollos,
ni perdió su prestancia en el descenso.
Ha llegado a la mar – que es su destino –
y horizonte señalado en su futuro.
Ha sorteado acantilados sin zozobra,
yendo a varar a la playa despacito.
En la arena oculta entre las dunas,
espera la subida de marea;
y que se anegue el lugar de olas y espuma
que la ayuden a remontar a toda vela.
Por el viento que sopla con bravura,
unas veces a favor y otras en contra,
navegará los mares de tu vida
con la valentía de los gran des triunfadores.
Luchando por no ir a la deriva,
llegará a tu puerto cualquier día.
Esos niños diferentes
Son todo ojos, bocas y manos,
son todo caricias regaladas al viento.
Naufragan cada día en su pequeño mundo inventado,
misterioso, insondable y distorsionado.
La retina inmóvil,
la boca llena de silencios,
las manos asidas al aire.
No hay risas,
no hay lágrimas…
Sólo quedan palabras sin eco.
¡Ni siquiera un lamento!
son todo caricias regaladas al viento.
Naufragan cada día en su pequeño mundo inventado,
misterioso, insondable y distorsionado.
La retina inmóvil,
la boca llena de silencios,
las manos asidas al aire.
No hay risas,
no hay lágrimas…
Sólo quedan palabras sin eco.
¡Ni siquiera un lamento!
Punto es y punto com.
El último correo que le había llegado esa mañana, era sin duda de alguien desconocido. El primer impulso fue borrarlo sin tan siquiera leerlo. Demasiadas malas experiencias con los virus que pululan por la red la había vuelto precavida. Sin embargo, un despiste hizo que en vez de anularlo, lo abriera. Así que, antes de borrarlo lo leyó. Un par de frases escritas con letra grande y clara le hicieron sonreír: “¿Qué tal brujita? ¿A qué no me esperabas hoy?" Pensó que la tal brujita, aunque lo esperara, se iba a quedar con las ganas. Esta vez sí lo eliminó a la primera aunque le quedó una extraña sensación que no pudo definir.
Cuando a la mañana siguiente volvió a encontrar otro correo del mismo remitente, lo abrió tan rápidamente que casi lo borra, esta vez sin pretenderlo, ¡claro! La curiosidad pudo más que ella. Cuando lo hubo leído, comprendió que debía hacer algo. Sin duda había una equivocación con la dirección de la cuenta de correo electrónico. Aunque no quería reconocerlo, sentía un poquito de envidia de la mujer que provocaba aquellas palabras. De nuevo, con la misma letra grande y más bonita, -o así le pareció a ella-, había vuelto a escribir: “Te imagino plena y feliz, rodeada de sol y mar, con tus cabellos meciéndose por la brisa mientras te acarician las hojas del sauce que tantas tardes nos cobijó”.
No lo pensó dos veces y escribió lo siguiente: “Creo que se está equivocando y es una pena que unas palabras tan bonitas, no lleguen a la destinataria correcta”. Una vez escrito, se sintió mucho más tranquila.
Pasó unos días de secreta esperanza que fue perdiendo según iba comprobando que ya no había más equivocaciones. De nuevo, la sorpresa fue más grande si cabe al volver a encontrar al cabo de casi un mes, otro correo de idénticas características: “¿Estás segura de que me he equivocado?” De cómo se desenvolvieron los acontecimientos a partir de ese momento le quedaba un vago recuerdo ligeramente distorsionado por el tiempo.
Llegaron las vacaciones y con ellas el alejamiento del ordenador, de los correos diarios con los que empezaba su jornada de trabajo, y por supuesto, de aquel extraño personaje. Pasó quince esplendidos días en los que se sintió plena y feliz, tostándose al sol sobre la arena, y dejándose acariciar por la brisa del mar que le llegaba a través de las ramas de un frondoso sauce.
El regreso de las vacaciones supuso volver a lo cotidiano, de nuevo encontrarse cada mañana delante del ordenador y del montón de correos que invadían su pantalla, y por supuesto, supuso reencontrarse con él.
Se lo imaginó maduro, sensible en su fuerza, dulce en su hombría; leal y culto. Idealizó hasta el infinito al autor de aquellos correos y sucumbió a lo inevitable. Respondió, uno a uno, a todos los que habían llegado en su ausencia. Desnudó su alma para él, se adornó de sus mejores galas y se ofreció a un destino trazado con texto Arial, 12, negrita y cursiva. Así pasaron los meses de aquel largo y frío invierno que a ellos se los antojó fugaz y cálido. Incansables, se regalaron momentos maravillosos mientras se confesaban sus sueños, sus anhelos, sus esperanzas…Todo, menos sus nombre y los datos que los situaran en un tiempo y espacio real lejos del maravilloso y mágico mundo al que accedían cada noche desde la ventana de su ordenador.
Un día, cuando la primavera alargaba las tardes de paseo, igual que vino, se fue. Y con él, se fueron todos s sueños que habían forjado juntos.
Aunque dolió, no hay mal que cien años dure y se consoló imaginando que al final, el destino todo lo pone en su sitio y los correos llegaban por fin a su primitiva destinataria.
Jamás olvidó aquella experiencia y en una esquina de su ordenador, escrito en un posit-it, con letra Arial, 12, negrita y cursiva, reza la siguiente leyenda: "No confundir nunca .es y .com"
Cuando a la mañana siguiente volvió a encontrar otro correo del mismo remitente, lo abrió tan rápidamente que casi lo borra, esta vez sin pretenderlo, ¡claro! La curiosidad pudo más que ella. Cuando lo hubo leído, comprendió que debía hacer algo. Sin duda había una equivocación con la dirección de la cuenta de correo electrónico. Aunque no quería reconocerlo, sentía un poquito de envidia de la mujer que provocaba aquellas palabras. De nuevo, con la misma letra grande y más bonita, -o así le pareció a ella-, había vuelto a escribir: “Te imagino plena y feliz, rodeada de sol y mar, con tus cabellos meciéndose por la brisa mientras te acarician las hojas del sauce que tantas tardes nos cobijó”.
No lo pensó dos veces y escribió lo siguiente: “Creo que se está equivocando y es una pena que unas palabras tan bonitas, no lleguen a la destinataria correcta”. Una vez escrito, se sintió mucho más tranquila.
Pasó unos días de secreta esperanza que fue perdiendo según iba comprobando que ya no había más equivocaciones. De nuevo, la sorpresa fue más grande si cabe al volver a encontrar al cabo de casi un mes, otro correo de idénticas características: “¿Estás segura de que me he equivocado?” De cómo se desenvolvieron los acontecimientos a partir de ese momento le quedaba un vago recuerdo ligeramente distorsionado por el tiempo.
Llegaron las vacaciones y con ellas el alejamiento del ordenador, de los correos diarios con los que empezaba su jornada de trabajo, y por supuesto, de aquel extraño personaje. Pasó quince esplendidos días en los que se sintió plena y feliz, tostándose al sol sobre la arena, y dejándose acariciar por la brisa del mar que le llegaba a través de las ramas de un frondoso sauce.
El regreso de las vacaciones supuso volver a lo cotidiano, de nuevo encontrarse cada mañana delante del ordenador y del montón de correos que invadían su pantalla, y por supuesto, supuso reencontrarse con él.
Se lo imaginó maduro, sensible en su fuerza, dulce en su hombría; leal y culto. Idealizó hasta el infinito al autor de aquellos correos y sucumbió a lo inevitable. Respondió, uno a uno, a todos los que habían llegado en su ausencia. Desnudó su alma para él, se adornó de sus mejores galas y se ofreció a un destino trazado con texto Arial, 12, negrita y cursiva. Así pasaron los meses de aquel largo y frío invierno que a ellos se los antojó fugaz y cálido. Incansables, se regalaron momentos maravillosos mientras se confesaban sus sueños, sus anhelos, sus esperanzas…Todo, menos sus nombre y los datos que los situaran en un tiempo y espacio real lejos del maravilloso y mágico mundo al que accedían cada noche desde la ventana de su ordenador.
Un día, cuando la primavera alargaba las tardes de paseo, igual que vino, se fue. Y con él, se fueron todos s sueños que habían forjado juntos.
Aunque dolió, no hay mal que cien años dure y se consoló imaginando que al final, el destino todo lo pone en su sitio y los correos llegaban por fin a su primitiva destinataria.
Jamás olvidó aquella experiencia y en una esquina de su ordenador, escrito en un posit-it, con letra Arial, 12, negrita y cursiva, reza la siguiente leyenda: "No confundir nunca .es y .com"
Mañana
Como una aparición fuera de contexto,
flota entre el humo del cigarrillo
y se pierde en ensoñaciones
detrás de una taza de café.
Refugiada tras la discreta cortina de la vieja taberna
en una calle perdida, se siente a salvo.
No es conciente de las turbias miradas
que se posan en sus hombros
y resbalan por su cintura.
Retuerce compulsivamente una bola de papel
que ha formado con la nota cuyo mensaje, aún sin leer,
quema en las palmas de sus manos.
Pronto, la tarde que ahora languidece,
llenará de grises las aceras,
y ella, protegiéndose de los ojos ajenos,
caminará de vuelta a su vida estructurada,
convencida, de que mañana será distinto,
leerá la nota y tal vez...sí, tal vez mañana.
flota entre el humo del cigarrillo
y se pierde en ensoñaciones
detrás de una taza de café.
Refugiada tras la discreta cortina de la vieja taberna
en una calle perdida, se siente a salvo.
No es conciente de las turbias miradas
que se posan en sus hombros
y resbalan por su cintura.
Retuerce compulsivamente una bola de papel
que ha formado con la nota cuyo mensaje, aún sin leer,
quema en las palmas de sus manos.
Pronto, la tarde que ahora languidece,
llenará de grises las aceras,
y ella, protegiéndose de los ojos ajenos,
caminará de vuelta a su vida estructurada,
convencida, de que mañana será distinto,
leerá la nota y tal vez...sí, tal vez mañana.
Felicidades Don Pablo

Es suficiente un viejo tronco al lado del mar para asentar en él nuestros sueños, nuestras lamentaciones. Es suficiente con poder mirar la llegada de la luna, escuchar el rumor de las olas, el canto de los pájaros, o contemplar como un velero marca nuestro horizonte. Es suficiente saber que gracias a él,
la poesía nunca muere.
Alas rotas
Vaguedad
Sentir las alas y volar...rápido, rápido ¡más rápido!
Abrir los ojos sorprendida a un día
nuevo, imprevisto.
Despertar en cama extraña
Y regresar a las últimas horas
para bucear en ellas.
Desconcierto en la mente.
Siluetas blancas revoloteando con expresión grave.
Buscar un rostro conocido,
una mirada cercana entre tanta asepsia
y ocultar el miedo.
Sentir en las venas
fluidos intrusos que alteran la calma y duelen.
Lamer las heridas de un cuerpo lacerado.
El alma intacta.
¡Por fin!
Disfrazada de verde llega la esperanza.
Cerrar los ojos Y tragar saliva.
¡Por fin!
Disfrazada de verde llega la esperanza.
Cerrar los ojos Y tragar saliva.
Sentimientos
Existen, estoy segura.
Cuesta encontrarlos, porque a veces,
están tan escondidos que uno piensa que se ocultan bajo la tierra,
o detrás de la luna.
Incluso, que pueden encontrase
sumergidos en las aguas negras de algún mar muerto.
Pero existen, están ahí.
Los hay tan transparentes que nos hacen sentir desnudos.
A éstos, los escondemos bien para evitar que afloren sin permiso,
y tomen iniciativa propia.
Si hace falta, cerraremos los ojos
impidiendo así que se asomen y se escapen entre las lágrimas.
O apretamos los dientes,
para que no dulcifiquen la sonrisa… ni las palabras.
Pero también los hay que visten con piel de cordero
o se disfrazan de infancia,
cuando en realidad, son lobos acechando cualquier descuido.
Están ahí, y son blancos... o negros.
Cuesta encontrarlos, porque a veces,
están tan escondidos que uno piensa que se ocultan bajo la tierra,
o detrás de la luna.
Incluso, que pueden encontrase
sumergidos en las aguas negras de algún mar muerto.
Pero existen, están ahí.
Los hay tan transparentes que nos hacen sentir desnudos.
A éstos, los escondemos bien para evitar que afloren sin permiso,
y tomen iniciativa propia.
Si hace falta, cerraremos los ojos
impidiendo así que se asomen y se escapen entre las lágrimas.
O apretamos los dientes,
para que no dulcifiquen la sonrisa… ni las palabras.
Pero también los hay que visten con piel de cordero
o se disfrazan de infancia,
cuando en realidad, son lobos acechando cualquier descuido.
Están ahí, y son blancos... o negros.
Así de simple
Ya no me miras, ni siquiera rozas mi mano
con la yema de tus dedos,
ni me llamas guapa por lo bajines.
Y yo, que nunca te tomé en cuenta,
echo de menos tus miradas furtivas
y tus caricias disfrazadas de descuido
Ahora, soy yo quien te mira ti,
quien espera el menor gesto
para extender la mano...
y respirar tranquila.
Noche de San Juan.
Escuchaba yo a mi vecina, que es muy sabia además de cotilla (sabia, porque tiene muchos años y cotilla, porque es vecina), como decía: “Si no nos deshacemos de lo viejo, no habrá espacio para lo nuevo”
Como daba la casualidad que era la noche de San Juan, pensé que nunca más oportuno para hacerle caso, y puesto que ya había hecho la limpieza exterior, me quedaba la interior. Sin pensarlo dos veces comencé a levantar una gran hoguera. En su base, y para cimentarla bien, dispuse lo siguiente.
- Buenas dosis de paciencia a las que añadí, otras tantas de melancolía, nostalgia y tristeza. Y luego, como mecha, arrajé todos los recortes, post-it, trozos de folio o cualquer papel empleado en los que suelo apunta mis "grandes ideas" y que no pasan de ahí.
Y añadí:
- Algunos complejos.
- Un poquito de mala leche. (Me imaginé como ardería)
- Los malos pensamientos.
- Los pensamientos malos. (Que no es lo mismo)
- Las blusas sin escote.
- Los tacones planos.
- El carmín y el esmalte rosa desvaído. (A partir de ahora sólo me pintaré de rojo pasión)
La montaña era ya tan alta que hube de subirme a una silla para poder seguir añadiendo elementos.
- Los reproches.
- Las angustias.
- El miedo.
- La envidia.
- Los prejuicios y algunos perjuicios.
Así, seguí hasta hacer una hoguera tan grande como lo era el lastre que se va acumulando a lo largo de la vida. Le prendí fuego y aunque me costó un poquito hacer que ardiera ―algunos de los elementos se resistían a desaparecer―, al final, las llamas pudieron más y lo fueron devorando todo. A medida que el fuego lo iba consumiendo, mi pecho se iba ensanchando y los pocos reparos que me quedaban desaparecieron entre las llamas. Me sentí tan ligera como las miles de partículas encendidas que se elevaban hasta perderse en la noche. El lastre se hizo rescoldo y a mí, me han crecido las alas.
El último instante
Podía escuchar a lo lejos, cada vez más lejos,
el murmullo de la vida que exuberante,
explosionaba aquella mañana de fin de junio.
Más cerca, a su lado,
un leve crujir de hojas movidas por el viento,
fue el soplo postrero que lo acompañó
mientras indiferente, se resignó a su destino.
Deshojó lenta, pero intensamente,
los días, las horas y los minutos
pasados junto a ella, y sus labios
formaron una mueca que quiso ser sonrisa
sin llegar a conseguirlo.
Se recreó en la caricia de su pelo negro,
el fuego de sus ojos o el manantial de su boca
y se dejó llevar por los recuerdos que se le alejan
mientras un velo gris, denso e implacable,
va extendiéndose delante de sus ojos.
Lentamente, se rinden sus parpados
en el último instante antes de partir.
Recuerdos
Se le han nublado los ojos como a veces se le nublan los recuerdos.
Intenta rescatar los pocos trozos que le quedan
para formar el puzzle de su vida.
Para ello, se agarra con ahínco a sus cosas,
a ese libro inacabado, regresando una y mil veces
al punto de partida.
Hay momentos de enojo y desconcierto
cuando intenta escribir su nombre,
o pronunciar el tuyo... y su voz calla.
O cuando se sobresalta con el eco de sus palabras.
Si se siente perdida grita asustada
ante el folio blanco de su mente.
Aprieta los dientes…y los puños
pero no cierra los ojos,
por si de abrirlos se olvida.
Luego, ya más calmada, se empeña en atesorar
los pocos recuerdos lúcidos que le quedan
y así, llenar la monotonía de las horas muertas,
o en las noches eternas,
en las que la negra quietud la inunda.
Entonces se abandona al arrullo de una nana repetida,
cierra los ojos y se siente niña o novia blanca
y ríe con risa nueva o llora con lágrimas extrañas.
Ya no se mira el espejo, si lo hace, encuentra a una desconocida
Lola, tacones rotos, melena al viento

Otra mirada
Madrid no duerme…
Se vertebra y extiende como un músculo gigante
que sucumbe, aturdido y expectante,
asistiendo a la cita diaria de los habitantes
de un submundo, que emerge, atraído por la luz de las farolas
como insectos nocturnos.
Cada noche, una cara nueva.
Cada noche, una cara menos.
Se vertebra y extiende como un músculo gigante
que sucumbe, aturdido y expectante,
asistiendo a la cita diaria de los habitantes
de un submundo, que emerge, atraído por la luz de las farolas
como insectos nocturnos.
Cada noche, una cara nueva.
Cada noche, una cara menos.
Nadie sabe, nadie pregunta,
atienden a un código de silencio.
Es Madrid pero podría ser París, Roma, Nueva York...
La noche en los suburbios hermana a las ciudades del mundo.
atienden a un código de silencio.
Es Madrid pero podría ser París, Roma, Nueva York...
La noche en los suburbios hermana a las ciudades del mundo.
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