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Sevilla.
 Siempre me pareció hermosa, las referencias que tenía de ella fueron muchas y aunque tardé en conocela físicamente, mis expectativas se vieron gratamente satisfechas.
Sus calles a un lado y otro del río conservan una magia especial.
El aroma de primavera es algo que te entra por los sentidos (los cinco) y no se desprende jamás.
Ahora, cuando la contemplo a lo lejos a través de los cristales, convertida en luces y sombras envueltas en el rumor de la vida, me parece un sueño, de esos, que uno sabe que al despertar no se desvanecerá.

Preciosa

Hay una sutil diferencia en sostener una mano o encadenarla.
Uno aprende que los besos no son letra de cambio.
Que las promesas no son contratos.
Que el amor no tiene medida, ni peso, ni precio;
aún así, no siempre es accesible
y muy pocas veces es correspondido en la misma magnitud del que entregamos.
Y uno empieza a aceptar sus derrotas
procurando mantener la cabeza alta y la ilusión intacta,
y a cerrar puertas siendo consciente,
que una puerta no es puerta hasta que está cerrada.
Y a construir caminos nuevos.
A sentirse fuerte.
A saber que vale.
A tener esperanza.
Al final,
uno espera a que escampe para que la fruta madure y el jardín florezca.

Sin olvidar nunca que el sol se oculta cada tarde y regresa cada mañana.

Y tú, no dejes nunca de llamarme preciosa.

Al Cazador cazado

Dicen que las cazabas al vuelo.
Que en tu caminar diario
bajo la sombra del ciprés que puebla la Arboleda,
rescatabas las palabras mudas del gesto de tus gentes.
Y nos construias historias para refrescar la memoria
casi siempre, escondida tras las puertas.
Por ti supimos que hubo un antes lleno de silencio y renuncia,
 un hoy, rodeado de acomodo y olvido,
y que habrá un mañana inevitable, habitado de esperanza para quienes sueñan y callan.
Gracias, caballero castellano,
por abrir la ventana
y despejar las sombras.
Descanse en paz

Feliz 2010

Por ti y para ti. Dentro de unas horas nos abandonará este año para dar paso a otro nuevo. Se trata de algo natural y repetitivo pero no creo que haya nadie que no sienta un cosquilleo en las tripas y en la esperanza. Todos, de una forma o de otra, esta noche levantaremos nuestra copa para brindar con los nuestros y seguramente, la mayoría, al hacerlo tengamos en nuestra mente mucho más de lo que seamos capaces de reconocer. Felicidades para todos!!!

Una gota de café.

He abierto el libro al azar, lo leí hace años, exactamente en el verano del 86. He ido pasado las páginas y leyendo algunos párrafos, hasta que poco a poco, he recordado de qué iba. Al llegar a la página 116, me he quedado un instante en suspenso mientras un mundo de recuerdos dormidos ―que no olivados―, me ha golpeado con tanta fuerza como si acabaran de pasar. En una esquina del libro; una mancha oscura de tonalidad difusa, entre marrón y gris, casi impide que se pueda leer lo que hay escrito debajo. Como en una tira de aquellos fotomatones ―hoy en desuso―, han ido pasando por delante de mí cada uno de los instantes de aquella tarde. Me he visto recostada en un extremo del gran sofá color melocotón con un libro en las manos, mientras disfrutaba de una humeante taza de café. Te he visto a ti en idéntica posición, pero en el extremo contrario. Como siempre, sin premeditación, nuestros pies se han enzarzado en una batalla por ver quien era el primero en dejar indefenso al otro con un bombardeo de cosquillas. Por supuesto, yo te he vencido. Has reaccionado levantándote bruscamente y con el movimiento has golpeado sin querer la taza, se ha derramado parte del café salpicándonos al libro y mí. Me he estremecido al recordar como, en un momento, arreglaste el estropicio usando tus labios como si fueran de algodón absorbente y recogiendo de mi escote cada gota del aromático líquido. Con una nostálgica sonrisa he colocado de nuevo el libro en la estantería; no sin antes acariciar con mis dedos esa mancha que siempre hablará de tu presencia. He regresado al sofá que ahora es blanco y frío. En el otro extremo, un montón de cojines de colores ocupan todo el espacio. Sobre la mesa, intacta, la taza de café hace rato que ha dejado de humear y su amargo contenido, se ha quedado frío.

“El hombre, se diferencia del resto de los animales, porque busca justificación para sus atrocidades”

Sinrazón

En Alejandría, aquellos hombres de negro esgrimieron la bandera del rencor convencidos de tener el beneplácito de un Dios todo poderoso.
Acabaron con la belleza destruyendo la palabra impresa. Quemaron siglos de sabiduría, de búsqueda incesante de la verdad a través de la ciencia y la razón. No vieron más allá del fanatismo; esa máquina infernal que acaba con el hombre y lo transforma en un animal rabioso. Aniquilaron a un pueblo con la saña de quien padeció antes la barbarie.
Hipatia sufrió la cólera en sus carnes -de quien bebió de su mano- por buscar la respuesta de la conjunción de los planetas, y ser capaz de ver más allá de las estrellas. Nosotros, a través de los tiempos, aún continuamos mirando al cielo buscando el misterio
que se esconde en la mente del hombre.

No se puede llorar entre barrotes

 Se esconden tantas miradas vacías
 en esta mole de hormigón sin alma…

Se ahogan tantas palabras con el eco de la ira…

La noche aquí, no es un remanso para unos sueños amargos como hiel.
Sólo el alcohol y el humo de las flores ahuyenta a los fantasmas que cuelgan de los aleros.
Crujen los huesos y se arruga la piel como papel viejo.
Apenas corre sangre por las venas tan llenas de demonios.
Nadie duerme si lloran los gatos.
Hay demasiadas voces agitando la conciencia.
Se teme al ruido de los cerrojos,
nunca se sabe si ha llegado la hora de saldar cuentas
 o el momento de cobrarse la venganza.

Nadie espera el azul entre barrotes,
reconocen la cara del miedo arrastrando su sombra por los pasillos.

Ella


Desde que ella se fue,
sólo brilla su retrato en tu mesita.
Lo demás, se asfixia bajo el polvo y la desidia.
Apenas te importa más vida que la que abarcan tus ojos;
el resto, es un espiral que se desintegra a tus espaldas.

Cada noche te acomodas en la barra de un bar cualquiera
sin más interés, de que te sirvan el café cargado y bien caliente.
O que la rubia de la barra te roce con sus caderas cuando pasa por tu lado.
Sólo a veces, murmuras unas palabras que se pierden con el ruido
dejando en tus labios los restos de una mueca indescifrable.

Hace tiempo, construiste una isla perdida en medio del océano de tu memoria
en la que habitas con su recuerdo.
Refugiado en la piel y en sus arrugas.

Aquellos trenes

A veces,
 al asomarte a la ventana veías el mundo
Un mundo cambiante; azul y verde o gris y negro.
Pasaba ante tus ojos con la rapidez del rayo
 mientras tu retina giraba loca en busca de apoyo que guardara el equilibrio.

La lluvia, la nieve, la niebla…
quedan fuera, morían antes de llegar a tu destino
 incluso había veces, que una sonrisa llena de mocos
te robaba el alma y prometías volver sobre tus pasos
para buscar esa mirada y asomarte a ella.

Casi siempre, sólo quedaba en la intención.

Cada viaje era un sueño inconcluso,
una aventura rugiendo entre vagones,
sorteando señales; atravesando túneles,
cuyas bocas oscuras te transportaban un instante hasta el infierno.
Cada destino, morir un poco y renacer en otra dimensión.

Ya nadie arrastra su pasado en maletas con correas;
 ahora, es tan liviano, que cabe en un portafolios
o se comprime milagrosamente en un pendrive de moda.

No has llegado y ya conoces la hora del regreso.

Fénix

Se le desnudan las alas cuando intenta volar
en cada salto aterriza sobre el barro.
Se refugia plegada toda ella en los rincones de esta casa
donde anidan grietas y desconchones,
ampollas de un pasado cobrándose su legado.
Amarillean las hojas del tiempo vivido,
se oscurecen los cuadros de la memoria,
apenas queda vida en los retratos.
Fue sucumbiendo en todos los otoños.

Abuela


 Encontrarás los recuerdos en mis palabras discurriendo paralelos a la grafía.
Si escribo de mis sueños infantiles tu sonrisa se ensancha de alegría.
Si es de mi amor adolescente sonríes con infinita ternura
y una chispa de burla amorosa cuelga de tus pestañas.

Cuando lees de las dudas en mis tardes de estudiante
tus ojos giran desconcertados buscado ayuda
y a mi me llega el aroma de chocolate con bizcochos
que ocultaba tu impotencia.

Ya no lees,
ahora te tiembla la boca mientras un mar de lágrimas frágiles y emocionadas
pergaminan tu rostro y lo llenan de huellas de tanta vida vivida,
en el fondo de tu retina, vuelvo a ser novia blanca entre tules y rosas.

Fuiste cimiento en mi vida y ahora yo desearía ser apoyo en la tuya.
Me quedé con las ganas, ya no hay entradas...snif Por qué haría yo caso y no me informaría bien? Me dijeron que estaría hasta finales de septiembre y yo tan tranquila, pensado en ir el fin de semana del 26/27...seré burra. !Estoy muy cabreeeeeeeeeeeeada!


Flechazo

Nos vimos en un bar de copas
envueltos en el humo coloreado por las luces de neón.
Tú, en un extremo de la barra, yo, de espaldas, en un rincón.
Un espejo oportuno nuestra mirada enfrentó,
y se amarraron al instante sin que ninguno de los dos
sucumbiera al reto de soltarse a pesar de la presión.
De tus labio ha brotado una caricia callada
y la sorpresa en tus ojos al verme corresponder.
La música y el murmullo amortigua sin apagar,
el eco de nuestros pulsos latiendo en dualidad.
Y son tan fuertes los latidos, tan intenso su sonar,
que nos aíslan del resto, tu y yo sólos en el bar.
No han hecho falta palabras, ni más señas o señales.
Los dos hemos comprendido y aceptado sin dudar
que la vida es un instante y si pasa, no volverá.

Pequeña ladronzuela


Camina con andares felinos, la cabeza baja, olfateando el suelo. La mirada huidiza, temerosa de delatarse. Algo esconde entre las manos que se ocultan nerviosas dentro de los bolsillos del raído abrigo tres tallas más grandes que su pequeño cuerpo. Al llegar a la esquina, se vuelve disimuladamente mientras se asegura que nadie le sigue. Se para ante el primer portal que encuentra con la puerta abierta y vuelve a mirar con desconfianza de derecha a izquierda varías veces, al final, se decide a entrar. Ha escogido bien, el lugar es oscuro y está desierto. Se oculta al fondo, en donde la oscuridad es más evidente y una vez comprobado que no le molestará nadie, saca de su bolsillo algo diminuto envuelto en papel brillante que cruje cuando con dedos nerviosos, lo desenvuelve cuidadosamente. Lo mete con avidez a la boca, lo saborea y su rostro se transforma en una gran sonrisa de satisfacción mientras toda la escalera se llena de un intenso y dulzón olor a fresa.

Crecerá la niebla

Pude oír tus pasos alejarse
mientras mis oidos se llenaron de su eco.
 Me sentí pequeña y un grito mudo se escapó de mi garganta.
Arranqué de mi piel las ganas,
me volví mármol veteado de silencios
y rompí todos los espejos.

 Luego, me deshice lentamente.

 No te hablé de la angustia de la noche
ni de las veces que he llorado con la luna.
Porque al final,
entre tu y yo, crecerá la niebla entre los árboles.

Rubor

Cuando sientes que te mira y sus ojos te acarician,
piensas que el mundo te observa y crees morir
Esas caricias presentida son las que te hacen sentir:
Que la piel se eriza,
el corazón bombea loco,
la cara arde y se pone como la grana,
 los ojos no aguantan la presión y parpadean sorprendidos.
 Las manos se humedecen,
la boca se seca y la abres o la cierras como un pez fuera del agua balbuceando incongruencias.
O ríes sin maneras con risa incontrolada y tonta hasta que te palpitan las sienes y la cabeza te estalla.
Te vuelves tan torpe que hasta los pies se enredan solos.

¡Eres un desastre!

Menos mal que es un instante y recuperada la compostura,
ahora sí, sueltas la carcajada
mientras suspiras resignada
sabiendo que mañana cuando te mire de nuevo te volverá a suceder.

A donde la imaginación te lleve

Mirando al mundo con lo que de infantil nos queda

Podrás volar sin límite por cielos púrpura
sin que la sangre te tizne el corazón.
Podrás mantenerte ingrávido entre las aves,
vestir sus plumas y conocer su libertad.
Podrás descender despacio
 o elevarte tan alto como la cometa que guiada por manos infantiles
cruza el cielo con piruetas imposibles.
Podrás remontar mares sin más remo que tus brazos,
cabalgar sobre delfines alados en la cresta de las olas
o bajar a las profundidades marinas para buscar el corazón del mar.
Podrás visitar ciudades lejanas,
conocer seres extraños capaces de comunicarse sin palabras, o podras extasiarte contemplando la superación de un niño que está aprendiendo a caminar.
Pero sobre todo,
podrás pintarme un mundo de colores,
y cuando yo esté triste, lo podré mirar.

Contra viento y marea.

Se desató la barquita del deseo,
descendió rauda por el río,
no encalló a pesar de los escollos,
ni perdió su prestancia en el descenso.
Ha llegado a la mar – que es su destino –
y horizonte señalado en su futuro.
Ha sorteado acantilados sin zozobra,
yendo a varar a la playa despacito.
En la arena oculta entre las dunas,
espera la subida de marea;
y que se anegue el lugar de olas y espuma
que la ayuden a remontar a toda vela.
Por el viento que sopla con bravura,
unas veces a favor y otras en contra,
navegará los mares de tu vida
con la valentía de los gran des triunfadores.
Luchando por no ir a la deriva,
llegará a tu puerto cualquier día.