Por ti y para ti.
Dentro de unas horas nos abandonará este año para dar paso a otro nuevo. Se trata de algo natural y repetitivo pero no creo que haya nadie que no sienta un cosquilleo en las tripas y en la esperanza. Todos, de una forma o de otra, esta noche levantaremos nuestra copa para brindar con los nuestros y seguramente, la mayoría, al hacerlo tengamos en nuestra mente mucho más de lo que seamos capaces de reconocer. Felicidades para todos!!!
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Feliz 2010
Por ti y para ti.
Dentro de unas horas nos abandonará este año para dar paso a otro nuevo. Se trata de algo natural y repetitivo pero no creo que haya nadie que no sienta un cosquilleo en las tripas y en la esperanza. Todos, de una forma o de otra, esta noche levantaremos nuestra copa para brindar con los nuestros y seguramente, la mayoría, al hacerlo tengamos en nuestra mente mucho más de lo que seamos capaces de reconocer. Felicidades para todos!!!
Una gota de café.
He abierto el libro al azar, lo leí hace años, exactamente en el verano del 86. He ido pasado las páginas y leyendo algunos párrafos, hasta que poco a poco, he recordado de qué iba. Al llegar a la página 116, me he quedado un instante en suspenso mientras un mundo de recuerdos dormidos ―que no olivados―, me ha golpeado con tanta fuerza como si acabaran de pasar. En una esquina del libro; una mancha oscura de tonalidad difusa, entre marrón y gris, casi impide que se pueda leer lo que hay escrito debajo.
Como en una tira de aquellos fotomatones ―hoy en desuso―, han ido pasando por delante de mí cada uno de los instantes de aquella tarde.
Me he visto recostada en un extremo del gran sofá color melocotón con un libro en las manos, mientras disfrutaba de una humeante taza de café. Te he visto a ti en idéntica posición, pero en el extremo contrario.
Como siempre, sin premeditación, nuestros pies se han enzarzado en una batalla por ver quien era el primero en dejar indefenso al otro con un bombardeo de cosquillas. Por supuesto, yo te he vencido. Has reaccionado levantándote bruscamente y con el movimiento has golpeado sin querer la taza, se ha derramado parte del café salpicándonos al libro y mí.
Me he estremecido al recordar como, en un momento, arreglaste el estropicio usando tus labios como si fueran de algodón absorbente y recogiendo de mi escote cada gota del aromático líquido.
Con una nostálgica sonrisa he colocado de nuevo el libro en la estantería; no sin antes acariciar con mis dedos esa mancha que siempre hablará de tu presencia. He regresado al sofá que ahora es blanco y frío. En el otro extremo, un montón de cojines de colores ocupan todo el espacio. Sobre la mesa, intacta, la taza de café hace rato que ha dejado de humear y su amargo contenido, se ha quedado frío.
“El hombre, se diferencia del resto de los animales, porque busca justificación para sus atrocidades”
Sinrazón
Sinrazón
En Alejandría, aquellos hombres de negro esgrimieron la bandera del rencor convencidos de tener el beneplácito de un Dios todo poderoso.
Acabaron con la belleza destruyendo la palabra impresa. Quemaron siglos de sabiduría, de búsqueda incesante de la verdad a través de la ciencia y la razón. No vieron más allá del fanatismo; esa máquina infernal que acaba con el hombre y lo transforma en un animal rabioso. Aniquilaron a un pueblo con la saña de quien padeció antes la barbarie.
Hipatia sufrió la cólera en sus carnes -de quien bebió de su mano- por buscar la respuesta de la conjunción de los planetas, y ser capaz de ver más allá de las estrellas. Nosotros, a través de los tiempos, aún continuamos mirando al cielo buscando el misterio
que se esconde en la mente del hombre.
No se puede llorar entre barrotes
Se esconden tantas miradas vacías
en esta mole de hormigón sin alma…
Se ahogan tantas palabras con el eco de la ira…
La noche aquí, no es un remanso para unos sueños amargos como hiel.
Sólo el alcohol y el humo de las flores ahuyenta a los fantasmas que cuelgan de los aleros.
Crujen los huesos y se arruga la piel como papel viejo.
Apenas corre sangre por las venas tan llenas de demonios.
Nadie duerme si lloran los gatos.
Hay demasiadas voces agitando la conciencia.
Se teme al ruido de los cerrojos,
nunca se sabe si ha llegado la hora de saldar cuentas
o el momento de cobrarse la venganza.
Nadie espera el azul entre barrotes,
reconocen la cara del miedo arrastrando su sombra por los pasillos.
en esta mole de hormigón sin alma…
Se ahogan tantas palabras con el eco de la ira…
La noche aquí, no es un remanso para unos sueños amargos como hiel.
Sólo el alcohol y el humo de las flores ahuyenta a los fantasmas que cuelgan de los aleros.
Crujen los huesos y se arruga la piel como papel viejo.
Apenas corre sangre por las venas tan llenas de demonios.
Nadie duerme si lloran los gatos.
Hay demasiadas voces agitando la conciencia.
Se teme al ruido de los cerrojos,
nunca se sabe si ha llegado la hora de saldar cuentas
o el momento de cobrarse la venganza.
Nadie espera el azul entre barrotes,
reconocen la cara del miedo arrastrando su sombra por los pasillos.
Ella
Desde que ella se fue,
sólo brilla su retrato en tu mesita.
Lo demás, se asfixia bajo el polvo y la desidia.
Apenas te importa más vida que la que abarcan tus ojos;
el resto, es un espiral que se desintegra a tus espaldas.
Cada noche te acomodas en la barra de un bar cualquiera
sin más interés, de que te sirvan el café cargado y bien caliente.
O que la rubia de la barra te roce con sus caderas cuando pasa por tu lado.
Sólo a veces, murmuras unas palabras que se pierden con el ruido
dejando en tus labios los restos de una mueca indescifrable.
Hace tiempo, construiste una isla perdida en medio del océano de tu memoria
en la que habitas con su recuerdo.
Refugiado en la piel y en sus arrugas.
sólo brilla su retrato en tu mesita.
Lo demás, se asfixia bajo el polvo y la desidia.
Apenas te importa más vida que la que abarcan tus ojos;
el resto, es un espiral que se desintegra a tus espaldas.
Cada noche te acomodas en la barra de un bar cualquiera
sin más interés, de que te sirvan el café cargado y bien caliente.
O que la rubia de la barra te roce con sus caderas cuando pasa por tu lado.
Sólo a veces, murmuras unas palabras que se pierden con el ruido
dejando en tus labios los restos de una mueca indescifrable.
Hace tiempo, construiste una isla perdida en medio del océano de tu memoria
en la que habitas con su recuerdo.
Refugiado en la piel y en sus arrugas.
Aquellos trenes
A veces,
al asomarte a la ventana veías el mundo
Un mundo cambiante; azul y verde o gris y negro.
Pasaba ante tus ojos con la rapidez del rayo
mientras tu retina giraba loca en busca de apoyo que guardara el equilibrio.
La lluvia, la nieve, la niebla…
quedan fuera, morían antes de llegar a tu destino
incluso había veces, que una sonrisa llena de mocos
te robaba el alma y prometías volver sobre tus pasos
para buscar esa mirada y asomarte a ella.
Casi siempre, sólo quedaba en la intención.
Cada viaje era un sueño inconcluso,
una aventura rugiendo entre vagones,
sorteando señales; atravesando túneles,
cuyas bocas oscuras te transportaban un instante hasta el infierno.
Cada destino, morir un poco y renacer en otra dimensión.
Ya nadie arrastra su pasado en maletas con correas;
ahora, es tan liviano, que cabe en un portafolios
o se comprime milagrosamente en un pendrive de moda.
No has llegado y ya conoces la hora del regreso.
al asomarte a la ventana veías el mundo
Un mundo cambiante; azul y verde o gris y negro.
Pasaba ante tus ojos con la rapidez del rayo
mientras tu retina giraba loca en busca de apoyo que guardara el equilibrio.
La lluvia, la nieve, la niebla…
quedan fuera, morían antes de llegar a tu destino
incluso había veces, que una sonrisa llena de mocos
te robaba el alma y prometías volver sobre tus pasos
para buscar esa mirada y asomarte a ella.
Casi siempre, sólo quedaba en la intención.
Cada viaje era un sueño inconcluso,
una aventura rugiendo entre vagones,
sorteando señales; atravesando túneles,
cuyas bocas oscuras te transportaban un instante hasta el infierno.
Cada destino, morir un poco y renacer en otra dimensión.
Ya nadie arrastra su pasado en maletas con correas;
ahora, es tan liviano, que cabe en un portafolios
o se comprime milagrosamente en un pendrive de moda.
No has llegado y ya conoces la hora del regreso.
Fénix
Se le desnudan las alas cuando intenta volar
en cada salto aterriza sobre el barro.
Se refugia plegada toda ella en los rincones de esta casa
donde anidan grietas y desconchones,
ampollas de un pasado cobrándose su legado.
Amarillean las hojas del tiempo vivido,
se oscurecen los cuadros de la memoria,
apenas queda vida en los retratos.
Fue sucumbiendo en todos los otoños.
en cada salto aterriza sobre el barro.
Se refugia plegada toda ella en los rincones de esta casa
donde anidan grietas y desconchones,
ampollas de un pasado cobrándose su legado.
Amarillean las hojas del tiempo vivido,
se oscurecen los cuadros de la memoria,
apenas queda vida en los retratos.
Fue sucumbiendo en todos los otoños.
Abuela
Encontrarás los recuerdos en mis palabras discurriendo paralelos a la grafía.
Si escribo de mis sueños infantiles tu sonrisa se ensancha de alegría.
Si es de mi amor adolescente sonríes con infinita ternura
y una chispa de burla amorosa cuelga de tus pestañas.
Cuando lees de las dudas en mis tardes de estudiante
tus ojos giran desconcertados buscado ayuda
y a mi me llega el aroma de chocolate con bizcochos
que ocultaba tu impotencia.
Ya no lees,
ahora te tiembla la boca mientras un mar de lágrimas frágiles y emocionadas
pergaminan tu rostro y lo llenan de huellas de tanta vida vivida,
en el fondo de tu retina, vuelvo a ser novia blanca entre tules y rosas.
Fuiste cimiento en mi vida y ahora yo desearía ser apoyo en la tuya.
Si escribo de mis sueños infantiles tu sonrisa se ensancha de alegría.
Si es de mi amor adolescente sonríes con infinita ternura
y una chispa de burla amorosa cuelga de tus pestañas.
Cuando lees de las dudas en mis tardes de estudiante
tus ojos giran desconcertados buscado ayuda
y a mi me llega el aroma de chocolate con bizcochos
que ocultaba tu impotencia.
Ya no lees,
ahora te tiembla la boca mientras un mar de lágrimas frágiles y emocionadas
pergaminan tu rostro y lo llenan de huellas de tanta vida vivida,
en el fondo de tu retina, vuelvo a ser novia blanca entre tules y rosas.
Fuiste cimiento en mi vida y ahora yo desearía ser apoyo en la tuya.
Flechazo
Nos vimos en un bar de copas
envueltos en el humo coloreado por las luces de neón.
Tú, en un extremo de la barra, yo, de espaldas, en un rincón.
Un espejo oportuno nuestra mirada enfrentó,
y se amarraron al instante sin que ninguno de los dos
sucumbiera al reto de soltarse a pesar de la presión.
De tus labio ha brotado una caricia callada
y la sorpresa en tus ojos al verme corresponder.
La música y el murmullo amortigua sin apagar,
el eco de nuestros pulsos latiendo en dualidad.
Y son tan fuertes los latidos, tan intenso su sonar,
que nos aíslan del resto, tu y yo sólos en el bar.
No han hecho falta palabras, ni más señas o señales.
Los dos hemos comprendido y aceptado sin dudar
que la vida es un instante y si pasa, no volverá.
envueltos en el humo coloreado por las luces de neón.
Tú, en un extremo de la barra, yo, de espaldas, en un rincón.
Un espejo oportuno nuestra mirada enfrentó,
y se amarraron al instante sin que ninguno de los dos
sucumbiera al reto de soltarse a pesar de la presión.
De tus labio ha brotado una caricia callada
y la sorpresa en tus ojos al verme corresponder.
La música y el murmullo amortigua sin apagar,
el eco de nuestros pulsos latiendo en dualidad.
Y son tan fuertes los latidos, tan intenso su sonar,
que nos aíslan del resto, tu y yo sólos en el bar.
No han hecho falta palabras, ni más señas o señales.
Los dos hemos comprendido y aceptado sin dudar
que la vida es un instante y si pasa, no volverá.
Pequeña ladronzuela
Camina con andares felinos, la cabeza baja, olfateando el suelo. La mirada huidiza, temerosa de delatarse. Algo esconde entre las manos que se ocultan nerviosas dentro de los bolsillos del raído abrigo tres tallas más grandes que su pequeño cuerpo. Al llegar a la esquina, se vuelve disimuladamente mientras se asegura que nadie le sigue. Se para ante el primer portal que encuentra con la puerta abierta y vuelve a mirar con desconfianza de derecha a izquierda varías veces, al final, se decide a entrar. Ha escogido bien, el lugar es oscuro y está desierto. Se oculta al fondo, en donde la oscuridad es más evidente y una vez comprobado que no le molestará nadie, saca de su bolsillo algo diminuto envuelto en papel brillante que cruje cuando con dedos nerviosos, lo desenvuelve cuidadosamente. Lo mete con avidez a la boca, lo saborea y su rostro se transforma en una gran sonrisa de satisfacción mientras toda la escalera se llena de un intenso y dulzón olor a fresa.
Crecerá la niebla
Pude oír tus pasos alejarse
mientras mis oidos se llenaron de su eco.
Me sentí pequeña y un grito mudo se escapó de mi garganta.
Arranqué de mi piel las ganas,
me volví mármol veteado de silencios
y rompí todos los espejos.
Luego, me deshice lentamente.
No te hablé de la angustia de la noche
ni de las veces que he llorado con la luna.
Porque al final,
entre tu y yo, crecerá la niebla entre los árboles.
mientras mis oidos se llenaron de su eco.
Me sentí pequeña y un grito mudo se escapó de mi garganta.
Arranqué de mi piel las ganas,
me volví mármol veteado de silencios
y rompí todos los espejos.
Luego, me deshice lentamente.
No te hablé de la angustia de la noche
ni de las veces que he llorado con la luna.
Porque al final,
entre tu y yo, crecerá la niebla entre los árboles.
Rubor
Cuando sientes que te mira y sus ojos te acarician,
piensas que el mundo te observa y crees morir
Esas caricias presentida son las que te hacen sentir:
Que la piel se eriza,
el corazón bombea loco,
la cara arde y se pone como la grana,
los ojos no aguantan la presión y parpadean sorprendidos.
Las manos se humedecen,
la boca se seca y la abres o la cierras como un pez fuera del agua balbuceando incongruencias.
O ríes sin maneras con risa incontrolada y tonta hasta que te palpitan las sienes y la cabeza te estalla.
Te vuelves tan torpe que hasta los pies se enredan solos.
¡Eres un desastre!
Menos mal que es un instante y recuperada la compostura,
ahora sí, sueltas la carcajada
mientras suspiras resignada
sabiendo que mañana cuando te mire de nuevo te volverá a suceder.
piensas que el mundo te observa y crees morir
Esas caricias presentida son las que te hacen sentir:
Que la piel se eriza,
el corazón bombea loco,
la cara arde y se pone como la grana,
los ojos no aguantan la presión y parpadean sorprendidos.
Las manos se humedecen,
la boca se seca y la abres o la cierras como un pez fuera del agua balbuceando incongruencias.
O ríes sin maneras con risa incontrolada y tonta hasta que te palpitan las sienes y la cabeza te estalla.
Te vuelves tan torpe que hasta los pies se enredan solos.
¡Eres un desastre!
Menos mal que es un instante y recuperada la compostura,
ahora sí, sueltas la carcajada
mientras suspiras resignada
sabiendo que mañana cuando te mire de nuevo te volverá a suceder.
A donde la imaginación te lleve
Mirando al mundo con lo que de infantil nos queda
Podrás volar sin límite por cielos púrpura
sin que la sangre te tizne el corazón.
Podrás mantenerte ingrávido entre las aves,
vestir sus plumas y conocer su libertad.
Podrás descender despacio
o elevarte tan alto como la cometa que guiada por manos infantiles
cruza el cielo con piruetas imposibles.
Podrás remontar mares sin más remo que tus brazos,
cabalgar sobre delfines alados en la cresta de las olas
o bajar a las profundidades marinas para buscar el corazón del mar.
Podrás visitar ciudades lejanas,
conocer seres extraños capaces de comunicarse sin palabras, o podras extasiarte contemplando la superación de un niño que está aprendiendo a caminar.
Pero sobre todo,
podrás pintarme un mundo de colores,
y cuando yo esté triste, lo podré mirar.
Podrás volar sin límite por cielos púrpura
sin que la sangre te tizne el corazón.
Podrás mantenerte ingrávido entre las aves,
vestir sus plumas y conocer su libertad.
Podrás descender despacio
o elevarte tan alto como la cometa que guiada por manos infantiles
cruza el cielo con piruetas imposibles.
Podrás remontar mares sin más remo que tus brazos,
cabalgar sobre delfines alados en la cresta de las olas
o bajar a las profundidades marinas para buscar el corazón del mar.
Podrás visitar ciudades lejanas,
conocer seres extraños capaces de comunicarse sin palabras, o podras extasiarte contemplando la superación de un niño que está aprendiendo a caminar.
Pero sobre todo,
podrás pintarme un mundo de colores,
y cuando yo esté triste, lo podré mirar.
Contra viento y marea.
Se desató la barquita del deseo, descendió rauda por el río,
no encalló a pesar de los escollos,
ni perdió su prestancia en el descenso.
Ha llegado a la mar – que es su destino –
y horizonte señalado en su futuro.
Ha sorteado acantilados sin zozobra,
yendo a varar a la playa despacito.
En la arena oculta entre las dunas,
espera la subida de marea;
y que se anegue el lugar de olas y espuma
que la ayuden a remontar a toda vela.
Por el viento que sopla con bravura,
unas veces a favor y otras en contra,
navegará los mares de tu vida
con la valentía de los gran des triunfadores.
Luchando por no ir a la deriva,
llegará a tu puerto cualquier día.
Esos niños diferentes
Son todo ojos, bocas y manos,
son todo caricias regaladas al viento.
Naufragan cada día en su pequeño mundo inventado,
misterioso, insondable y distorsionado.
La retina inmóvil,
la boca llena de silencios,
las manos asidas al aire.
No hay risas,
no hay lágrimas…
Sólo quedan palabras sin eco.
¡Ni siquiera un lamento!
son todo caricias regaladas al viento.
Naufragan cada día en su pequeño mundo inventado,
misterioso, insondable y distorsionado.
La retina inmóvil,
la boca llena de silencios,
las manos asidas al aire.
No hay risas,
no hay lágrimas…
Sólo quedan palabras sin eco.
¡Ni siquiera un lamento!
Punto es y punto com.
El último correo que le había llegado esa mañana, era sin duda de alguien desconocido. El primer impulso fue borrarlo sin tan siquiera leerlo. Demasiadas malas experiencias con los virus que pululan por la red la había vuelto precavida. Sin embargo, un despiste hizo que en vez de anularlo, lo abriera. Así que, antes de borrarlo lo leyó. Un par de frases escritas con letra grande y clara le hicieron sonreír: “¿Qué tal brujita? ¿A qué no me esperabas hoy?" Pensó que la tal brujita, aunque lo esperara, se iba a quedar con las ganas. Esta vez sí lo eliminó a la primera aunque le quedó una extraña sensación que no pudo definir.
Cuando a la mañana siguiente volvió a encontrar otro correo del mismo remitente, lo abrió tan rápidamente que casi lo borra, esta vez sin pretenderlo, ¡claro! La curiosidad pudo más que ella. Cuando lo hubo leído, comprendió que debía hacer algo. Sin duda había una equivocación con la dirección de la cuenta de correo electrónico. Aunque no quería reconocerlo, sentía un poquito de envidia de la mujer que provocaba aquellas palabras. De nuevo, con la misma letra grande y más bonita, -o así le pareció a ella-, había vuelto a escribir: “Te imagino plena y feliz, rodeada de sol y mar, con tus cabellos meciéndose por la brisa mientras te acarician las hojas del sauce que tantas tardes nos cobijó”.
No lo pensó dos veces y escribió lo siguiente: “Creo que se está equivocando y es una pena que unas palabras tan bonitas, no lleguen a la destinataria correcta”. Una vez escrito, se sintió mucho más tranquila.
Pasó unos días de secreta esperanza que fue perdiendo según iba comprobando que ya no había más equivocaciones. De nuevo, la sorpresa fue más grande si cabe al volver a encontrar al cabo de casi un mes, otro correo de idénticas características: “¿Estás segura de que me he equivocado?” De cómo se desenvolvieron los acontecimientos a partir de ese momento le quedaba un vago recuerdo ligeramente distorsionado por el tiempo.
Llegaron las vacaciones y con ellas el alejamiento del ordenador, de los correos diarios con los que empezaba su jornada de trabajo, y por supuesto, de aquel extraño personaje. Pasó quince esplendidos días en los que se sintió plena y feliz, tostándose al sol sobre la arena, y dejándose acariciar por la brisa del mar que le llegaba a través de las ramas de un frondoso sauce.
El regreso de las vacaciones supuso volver a lo cotidiano, de nuevo encontrarse cada mañana delante del ordenador y del montón de correos que invadían su pantalla, y por supuesto, supuso reencontrarse con él.
Se lo imaginó maduro, sensible en su fuerza, dulce en su hombría; leal y culto. Idealizó hasta el infinito al autor de aquellos correos y sucumbió a lo inevitable. Respondió, uno a uno, a todos los que habían llegado en su ausencia. Desnudó su alma para él, se adornó de sus mejores galas y se ofreció a un destino trazado con texto Arial, 12, negrita y cursiva. Así pasaron los meses de aquel largo y frío invierno que a ellos se los antojó fugaz y cálido. Incansables, se regalaron momentos maravillosos mientras se confesaban sus sueños, sus anhelos, sus esperanzas…Todo, menos sus nombre y los datos que los situaran en un tiempo y espacio real lejos del maravilloso y mágico mundo al que accedían cada noche desde la ventana de su ordenador.
Un día, cuando la primavera alargaba las tardes de paseo, igual que vino, se fue. Y con él, se fueron todos s sueños que habían forjado juntos.
Aunque dolió, no hay mal que cien años dure y se consoló imaginando que al final, el destino todo lo pone en su sitio y los correos llegaban por fin a su primitiva destinataria.
Jamás olvidó aquella experiencia y en una esquina de su ordenador, escrito en un posit-it, con letra Arial, 12, negrita y cursiva, reza la siguiente leyenda: "No confundir nunca .es y .com"
Cuando a la mañana siguiente volvió a encontrar otro correo del mismo remitente, lo abrió tan rápidamente que casi lo borra, esta vez sin pretenderlo, ¡claro! La curiosidad pudo más que ella. Cuando lo hubo leído, comprendió que debía hacer algo. Sin duda había una equivocación con la dirección de la cuenta de correo electrónico. Aunque no quería reconocerlo, sentía un poquito de envidia de la mujer que provocaba aquellas palabras. De nuevo, con la misma letra grande y más bonita, -o así le pareció a ella-, había vuelto a escribir: “Te imagino plena y feliz, rodeada de sol y mar, con tus cabellos meciéndose por la brisa mientras te acarician las hojas del sauce que tantas tardes nos cobijó”.
No lo pensó dos veces y escribió lo siguiente: “Creo que se está equivocando y es una pena que unas palabras tan bonitas, no lleguen a la destinataria correcta”. Una vez escrito, se sintió mucho más tranquila.
Pasó unos días de secreta esperanza que fue perdiendo según iba comprobando que ya no había más equivocaciones. De nuevo, la sorpresa fue más grande si cabe al volver a encontrar al cabo de casi un mes, otro correo de idénticas características: “¿Estás segura de que me he equivocado?” De cómo se desenvolvieron los acontecimientos a partir de ese momento le quedaba un vago recuerdo ligeramente distorsionado por el tiempo.
Llegaron las vacaciones y con ellas el alejamiento del ordenador, de los correos diarios con los que empezaba su jornada de trabajo, y por supuesto, de aquel extraño personaje. Pasó quince esplendidos días en los que se sintió plena y feliz, tostándose al sol sobre la arena, y dejándose acariciar por la brisa del mar que le llegaba a través de las ramas de un frondoso sauce.
El regreso de las vacaciones supuso volver a lo cotidiano, de nuevo encontrarse cada mañana delante del ordenador y del montón de correos que invadían su pantalla, y por supuesto, supuso reencontrarse con él.
Se lo imaginó maduro, sensible en su fuerza, dulce en su hombría; leal y culto. Idealizó hasta el infinito al autor de aquellos correos y sucumbió a lo inevitable. Respondió, uno a uno, a todos los que habían llegado en su ausencia. Desnudó su alma para él, se adornó de sus mejores galas y se ofreció a un destino trazado con texto Arial, 12, negrita y cursiva. Así pasaron los meses de aquel largo y frío invierno que a ellos se los antojó fugaz y cálido. Incansables, se regalaron momentos maravillosos mientras se confesaban sus sueños, sus anhelos, sus esperanzas…Todo, menos sus nombre y los datos que los situaran en un tiempo y espacio real lejos del maravilloso y mágico mundo al que accedían cada noche desde la ventana de su ordenador.
Un día, cuando la primavera alargaba las tardes de paseo, igual que vino, se fue. Y con él, se fueron todos s sueños que habían forjado juntos.
Aunque dolió, no hay mal que cien años dure y se consoló imaginando que al final, el destino todo lo pone en su sitio y los correos llegaban por fin a su primitiva destinataria.
Jamás olvidó aquella experiencia y en una esquina de su ordenador, escrito en un posit-it, con letra Arial, 12, negrita y cursiva, reza la siguiente leyenda: "No confundir nunca .es y .com"
Mañana
Como una aparición fuera de contexto,
flota entre el humo del cigarrillo
y se pierde en ensoñaciones
detrás de una taza de café.
Refugiada tras la discreta cortina de la vieja taberna
en una calle perdida, se siente a salvo.
No es conciente de las turbias miradas
que se posan en sus hombros
y resbalan por su cintura.
Retuerce compulsivamente una bola de papel
que ha formado con la nota cuyo mensaje, aún sin leer,
quema en las palmas de sus manos.
Pronto, la tarde que ahora languidece,
llenará de grises las aceras,
y ella, protegiéndose de los ojos ajenos,
caminará de vuelta a su vida estructurada,
convencida, de que mañana será distinto,
leerá la nota y tal vez...sí, tal vez mañana.
flota entre el humo del cigarrillo
y se pierde en ensoñaciones
detrás de una taza de café.
Refugiada tras la discreta cortina de la vieja taberna
en una calle perdida, se siente a salvo.
No es conciente de las turbias miradas
que se posan en sus hombros
y resbalan por su cintura.
Retuerce compulsivamente una bola de papel
que ha formado con la nota cuyo mensaje, aún sin leer,
quema en las palmas de sus manos.
Pronto, la tarde que ahora languidece,
llenará de grises las aceras,
y ella, protegiéndose de los ojos ajenos,
caminará de vuelta a su vida estructurada,
convencida, de que mañana será distinto,
leerá la nota y tal vez...sí, tal vez mañana.
Felicidades Don Pablo

Es suficiente un viejo tronco al lado del mar para asentar en él nuestros sueños, nuestras lamentaciones. Es suficiente con poder mirar la llegada de la luna, escuchar el rumor de las olas, el canto de los pájaros, o contemplar como un velero marca nuestro horizonte. Es suficiente saber que gracias a él,
la poesía nunca muere.
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