
Que en tu caminar diario
bajo la sombra del ciprés que puebla la Arboleda,
rescatabas las palabras mudas del gesto de tus gentes.
Y nos construias historias para refrescar la memoria
casi siempre, escondida tras las puertas.
Por ti supimos que hubo un antes lleno de silencio y renuncia,
un hoy, rodeado de acomodo y olvido,
y que habrá un mañana inevitable, habitado de esperanza para quienes sueñan y callan.
Gracias, caballero castellano,
por abrir la ventana
y despejar las sombras.
Descanse en paz